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10.6.08

FRAGMENTOS DE CANTO l (De La estatua de sal)

IX
En verdad hablamos tantas lenguas confusas; como mugi-
dos se oyen de selvas cortadas,
Pasa la tierra errante y se rompe adentro de nosotros
y aprendemos a hablar de nuevo y temblamos con gran-
des alas inmóviles
y junto a nosotros sucede algo, un nido se agita dulcemente
y la mujer y el niño alzamos
como estatuillas pálidas entre manos suplicantes
y viene el torrente entre las cañas del jardín marchito,
sonríen los barqueros del eterno torrente,
sus dientes a través del rostro parecen reja clavada, sus
lenguas corren alcanzando al Tigre.
Los soldados atraviesan, dan brincos, se cuentan conti-
nuamente.
(Nadie de ellos sabe cuál será el primero en entrar
desmemoriado a la casa común).
Los muertos van atravesando como si no les bastase prece-
dernos.
El topo pasa entre ellos y nosotros
continúa pasando.
Más ¿Qué importa?
Los vivos aguardan su plenitud
Y cada uno grande y solitario como un faro cegado sobre
el mar inmenso.

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