Roberto Themis Speroni nació en 1922 en La Plata. Murió en City Bell (su pueblo amado) en 1966. Publicó en poesía: Habitante único, 1945; Gavilla del tiempo, 1948; Tentativa en la Luz, 1951; Tatuaje en el viento, 1958; Paciencia por la muerte, 1963; Padre final, 1964; Poesía completa (Estudio y compilación de A. E. Lahitte, -si bien es una antología incluye varios libros de poemas inéditos-), 1975 en dos volúmenes (reeditado en 1982 y 1996; hay una tercera edición de la primera parte). El espiniyo (revista de poesía) en su número 7/8 de 2008 va a rendir homenaje a este gran poeta argentino.13.10.09
ROBERTO THEMIS SPERONI
Roberto Themis Speroni nació en 1922 en La Plata. Murió en City Bell (su pueblo amado) en 1966. Publicó en poesía: Habitante único, 1945; Gavilla del tiempo, 1948; Tentativa en la Luz, 1951; Tatuaje en el viento, 1958; Paciencia por la muerte, 1963; Padre final, 1964; Poesía completa (Estudio y compilación de A. E. Lahitte, -si bien es una antología incluye varios libros de poemas inéditos-), 1975 en dos volúmenes (reeditado en 1982 y 1996; hay una tercera edición de la primera parte). El espiniyo (revista de poesía) en su número 7/8 de 2008 va a rendir homenaje a este gran poeta argentino.CANTO l

Como un ángel curioso atravesando
una gran galería, un infinito
mundo de soledad donde fulguran
murciélagos de hielo, estalagmitas,
carámbanos de vidrio tan agudos
como el ojo de un pez; como si fuera
un destino caminar el hueso,
lo frío del invierno y sus misterios,
lo largo en amarillo y lo que tiembla,
ando el tuétano duro, el quebradizo
contorno de una vida en piedra inmóvil,
la longitud celeste del granizo
dispuesto en oquedad en quieta sombra.
Yo, el poeta, el desnudo –el mar acaso,
acaso la montaña, un dios acaso–,
ando el hueso invernal, el incrustado
hueso del tiempo en la estación más fría.
Por ancha boca de cristal, por sitios,
donde filosas llamas se sostienen
las unas con las otras, simulando
ardorosas imágenes,, gastadas
ojivas de silencio, yo, el poeta,
–acaso el arenal, acaso el miedo–
voy internando mi vejez, mi llanto,
la certidumbre de saber que el hombre
es una forma del amor, del canto,
de la muerte que sopla dulcemente
a través de las grietas del invierno.
De esta manera, solitario, lejos
cargado de memorias que parecen
dolorosas anémonas, diademas,
constelaciones del ayer, avanzo
por el hueso invernal, por el gran tubo
que un viento tiritante va ciñendo
de lúgubres rumores, de murmullos
cuyo color castiga el ceño triste,
el triste muro de la frente abierta
a la razón que el invierno guarda,
como guarda el invierno en su comarca
la llaga del poeta.
Altas colinas,
dunas de sal, gaviotas transparentes,
hojas que fueron árboles un día,
rostros que en el adiós se distorsionan
hasta lograr la curva de los ojos,
lo fugitivo que en humo impera,
conmigo avanzan en quietud de hielo,
trepando, dando vueltas al origen
de lo que fuera bello, de lo antiguo
que amara yo, el poeta, –acaso un niño,
una flor a la orilla de una nube,
la delicada risa de un airoso
y brillante verano ya perdido–.
Todo conmigo va por ese hueso
de límites cambiantes: las ciudades,
los cementerios, el calor remoto
de un leño en la penumbra, el fino cuerpo
de una mujer tendida como un grito
de libertad detrás del pecho breve.
Y yo, el poeta, el taciturno –acaso
la sombra de un anillo, acaso el simple
sollozo de un guijarro, acaso el vuelo–,
voy integrando el ser, lo que los años
separan dividiendo, haciendo trizas
junto al hueso constante del invierno.
¡Oh, camaradas, ágiles guerreros
de aquella luz buscada y conseguida!...
Con cuánta lentitud, con cuánta angustia
debo internar mi soledad, mi sangre
por el invierno que a mi lado eleva
sus follajes de escarcha.
Por momentos,
descubro que hay un símbolo terrible,
una inviolable lápida asfixiando
esto que soy y somos, esta ardiente
necesidad de andar, de ver el grito
que el invierno sostiene, que aprisiona
con terquedad de hiedra en lo sombrío.
¡Si uno pudiera estar en toda fuente,
sumergido en profundas aventuras
solamente cercanas al espíritu;
si se pudiera descorrer el viejo
cabello del invierno, si la mano
quitara de improviso lo dormido,
lo muerto en apariencia, este gran hueso,
esta oquedad mortificante y sola
tal vez se estremeciera, diera un vuelco
hacia la estrella misma, y en el cielo
veríamos el mar, el valle hermoso
que los sueños contemplan solamente...!
Y sin embargo a tientas, yo, el poeta,
internándome a siglos, destrozado
por aguzadas limas que aparentan
infinitas ternuras, por espectros
que me arrojan arañas polvorientas,
adormideras, rostros invencibles,
sigo a paso de arena este gran hueso
donde el invierno es único monarca,
dios de cristal, señor de la derrota...
Niños caídos, vírgenes heladas,
inocentes arqueros de piel blanca,
cazadores de insectos, harapientos
monjes de nieve, imágenes de liquen,
en torno a mí, en torno a tanta pena,
tejen tapices, juegan a la muerte,
y con gestos apenas descubiertos,
momentáneos, fugaces, pero llenos
de misteriosa eternidad, se esconden,
me miran, aparecen y se internan
en el gran hueso del invierno hundido
en la mitad del tiempo, en lo callado
del tiempo y su mordida mariposa.
A veces, deteniéndome en un sitio
igual a una crisálida, cansado,
hombre del hombre, sombra de lo vano,
imagino que el hueso está en mi mismo,
sobre mi corazón, sobre los días
que transcurrieron dando tumbos, rotos
como botellas íntimas, iguales
a tanto mes caído en lo imposible.
Entonces se me ocurre que el espacio
es esto que está allí, cerca del hueso;
se me ocurre que parte de mis uñas,
de mi angustia que huele a tierra estéril,
a clamor boca a boca con el eco.
Y es verdad que agonizo en este instante;
es verdad que estoy próximo a lo exacto
que la muerte difunde. Y es tan cierto,
que hasta el hueso invernal, el hondo hueso
que suena en la garganta, me golpea
los apretados dientes del mañana.
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SONETO A LA PALOMA QUE MATÉ DE NIÑO

Todavía conservo entre las manos
el pequeño temblor de tu agonía,
y tu cuerpo de luz, donde cabía
la forma de los aires provincianos.
Herido ante un aliento de manzanas
cayó tu corazón, y el mediodía
se quebró en tu garganta y en la mía
con dolores opuestos y lejanos.
Dejé tu muerta azul bajo el ciruelo.
El verano cruzaba por el cielo,
jinete de un delgado escalofrío.
La infancia se me fue con el asombro:
por eso, cuando en pájaros te nombro
tu corazón regresa en el mío.
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ELEGÍA F

La madrugada, el gallo, los suburbios
de alquitrán, la luna verrugosa,
los carros amarillos, el que vuelve
de tomar una copa con la noche,
de jugar con la muerte una partida
de dominó metílico. La sombra
de una mujer dominical huyendo
cerca de las paredes. Yo, que salgo
a recorrer el alma, los refugios
de la melancolía. Yo, el que fuma
caminando perplejo entre cuchillos
doblado en la memoria, perforado
por una multitud de clavos, lejos,
separado de mí, de tus naranjos
de fascinante música. Tan grave,
tan pensativo de humedad camino;
tan igual a tus ojos, a las grutas
de tu cuerpo interior, donde me anduve,
donde me conocí, diadema invicta,
cesta de fruta emocional, palmera
de volcánica especie. Ya es muy tarde.
Te repito: es muy tarde. Nadie asedia
dos veces a una misma ciudadela
habiéndola tomado en el principio.
Ando. Pienso. Camino. Me pregunto
con el tiempo en las manos. Salgo a verte.
pero la gente es mucha. Demasiada.
Se levanta temprano. Llevan bolsas,
botines, prendedores, hijos, diarios,
verduras, entrecejos permanentes,
desvencijadas rosas, sufrimientos
de maíz rutinario. Me lo impiden;
no te puedo mirar. La madrugada
me conduce hacia agónicos extremos.
No sé qué hacer, repito; aunque quisiera
ir al asalto de tu luz remota:
tomarte nuevamente, recorrerte,
ciudadela de amor, muralla intacta
donde una vez cantara mi bandera,
mis clarines de trigo, mis arqueros
de polen torrencial, en una aurora
muy distinta de esta espesa madrugada
llena de gente y frío frente al mundo.
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ELEGÍA N

Botánica de amor, tus arboledas,
las hamacas de oro, los helechos,
las hojas de tu frente, tantas hojas,
tuyas de verde trémulo. La pulpa,
la noche, con sus bornes de diamante.
El ruido de los ojos. Esa puerta
cerrada desde abril. Un perro frío;
el error de la música moviendo
tantas habitaciones, tanto espacio
de sollozo interior. Amabas limpia.
Convencida de amor entre las cosas
de enlace cotidiano; no importaban
los días pulmonares, los volantes
cajones del invierno.
Sola, sola,
botánica inaudita, flor ilustre,
aristócrata dulce de la lluvia
mirando desde el último conflicto,
desde el último pájaro. Y los meses.
Y la ciudad crujiendo lejos de ti,
sudando como un muerto envuelto en lana,
paralítica, triste.
No despiertes.
Aquí soy un alambre de cianuro,
Un eléctrico enfermo que vigila,
ulcerado, comido por el tiempo,
mientras me inyectan agua de tu sombra,
luz de tu corazón, perdido siempre.
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ELEGÍA V

He vuelto a ser el hombre que fui entonces,
cuando estabas conmigo, cuando el mundo,
me cabía debajo de una axila,
y por cada ciudad que atravesaba,
por cada puente, esquina o carretera,
dejaba tu perfil, para acordarme
del camino seguido. Porque el hombre
debe fijar sus hitos, sus leyendas,
su piel de combatiente voluntario,
de asesinado lógico. Yo anduve.
Caminé con tu pie, gemelo del mío,
leguas de sangre, millas turbulentas.
Hice fraguas con un carbón mojado;
derribé largos muros, submarinas
oposiciones de salitre negro;
ignoré muslos rápidos, brillantes
cadalsos de pelviana expectativa.
Anduve entre las lunas sin tocarlas:
tú eras mi gran racimo pensativo.
Hoy soy el hombre mismo que conoces,
algo mayor que aquella inteligencia,
asido a un canto terco. Si estoy triste,
comprendo a mi tristeza como nunca;
si estoy alegre, arriesgo que eso viene
desde tu corazón. Y estoy conforme.
Siendo el hombre que fui, estoy conforme;
él me devuelve lo que has sido siempre.
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8.10.09
LA CASA ENCENDIDA. (COMPLETA ) Voz: Isabel Sánchez
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18.5.09
FALLECE MARIO BENEDETTI, Descanse en paz, POETA
Galardonado en 1999 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y en 2005 con el Internacional Menéndez Pelayo, Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierdas que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos. Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como La tregua (1974) o Gracias por el fuego (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.
Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la "generación crítica", nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo. En 1928 comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema en ese idioma.
Las dificultades económicas solo le permitieron cursar un año de educación secundaria en el Liceo Miranda y después tuvo que ser casi autodidacta, compaginando los estudios con el trabajo, que comenzó a los 14 años en un taller de repuestos de automóvil. Antes de dedicarse a la escritura, Benedett hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial. Todos estos oficios supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.
Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, La víspera indeleble, de poesía. En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor. Así, en una década trepidante publicó obras como Esta mañana y otros cuentos (1949), Poemas de oficina (1956), Ida y vuelta (1958) y La tregua (1960).
Ya desde 1952 comenzó a implicarse de forma destacada en las protestas contra el tratado militar de Uruguay con Estados Unidos. Su primer viaje a Europa lo hizo en 1957, como corresponsal de Marcha y El diario. De 1961 data el libro Mejor es meneallo, que agrupa sus crónicas humorísticas, firmadas con el pseudónimo de Damocles. Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.
En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973. En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición izquierdista que alcanzó el poder en 2005.
IKER SEISDEDOS / EFE - Madrid - 17/05/2009
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1.5.09
HENRI MICHAUX

(Namur, 1899 - París, 1984) Escritor francés de origen belga. Fue una de las personalidades más relevantes de la literatura moderna. En 1922, bajo la influencia de la literatura de Lautréamont, empezó a escribir y a publicar en Bélgica. En 1924 se estableció en París y, en pleno clima surrealista, se sintió más atraído por la pintura (Ernst, Dalí, De Chirico, y luego Klee) que por la literatura; sus obras de este período, sin embargo, todavía discurren paralelamente a las experiencias de Breton; incluso, según algunos, el verdadero surrealista es él. Más tarde, se acercó cada vez más a Rimbaud, Kafka, y a los existencialistas.
Descubierto por Paulhan, publicó en 1927 Qui je fus, narraciones, aforismos, poesías, donde ya aparecían algunas constantes de su obra (los temas de la angustia y la fuga) y el lenguaje "inventado" que constituyó su originalidad más visible. Más adelante publicó Ecuador (Ecuador, 1929), diario de viaje y diario íntimo; Un bárbaro en Asia (Un barbare en Asie, 1933), narración de su viaje a la India y a China, quizá su libro más ameno y objetivo; y Mes propiétés (1929), Un certain Plume (1930), La nuit remue (1935), Plume précedé de Lointain intérieur (1938), todas ellas, obras formadas por textos breves y variados, poesías y prosas poéticas.
Después inició un ciclo de relatos de sus viajes por países imaginarios: Voyage en Grande Garabagne (1936), Au pays de la magie (1941) y Ici, Poddéma (1946), reunidos más tarde en Ailleurs (1948). Entre 1938 y 1939 dirigió la redacción parisina de la revista Hermès. Mientras, Gide le dedicó el opúsculo Découvrons Henri Michaux (1941), que centró en él la atención del público; pero durante el período de la guerra y de la ocupación, el artista se vio obligado a soportar un largo aislamiento, lleno de actividad: Je vous écris d'un pays lontain (1942), Adversidades, exoscismos (Épreuves, Exorcismes, 1945) y La vie dans les plis (1948).
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HE NACIDO AGUJEREADO

Sopla un viento tremendo,
No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo.
Pueblecito de Quito, tú no eres para mí.
Yo necesito odio, y envidia; ésta es mi salud.
Es una gran ciudad la que necesito.
Un gran consumo de envidia.
No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo,
En el agujero hay odio (siempre), espanto también e impotencia.
Hay impotencia y el viento está cargado de ella;
fuerte como los torbellinos,
rompería una aguja de acero,
y no es más que un viento sin embargo, un vacío.
¡Caiga la maldición sobre toda la tierra, sobre toda la civilización,
sobre todos los seres en la superficie de todos los planetas, a causa de este vacío!
Un señor crítico ha dicho que yo no alimentaba odio.
Este vacío, he ahí mi respuesta.
¡Qué mal se está, ay, en mi pellejo!
Siento la necesidad de llorar sobre el pan de lujo de la dominación y del amor,
sobre el pan de gloria que está afuera.
Siento la necesidad de mirar por el cuadro de la ventana,
que está vacío como yo, que no se alimenta de nada,
Dije llorar; no, es un barreno a frío, que barrena,
barrena incansablemente,
como sobre una viga de haya en la que 200 generaciones de gusanos se hubiesen
legado esta herencia; "barrena, barrena..."
Esto ocurre a la izquierda, no digo que sea el corazón,
Digo agujero, y no digo más, es rabia y contra ella no puedo,
Tengo siete u ocho sentidos. Uno de ellos: el sentido de lo que falta.
Lo toco y lo palpo como se palpa una madera,
una madera que sería más bien una gran selva de esas que ya no se ven en Europa
desde hace mucho.
Y esto es mi vida, mi vida en medio del vacío.
Si este vacío desaparece, yo me busco, enloquezco y eso es todavía peor.
Yo me he construido sobre una columna ausente.
¿Qué habría dicho el Cristo si hubiese estado hecho de este modo?
Hay algunas de estas enfermedades que, si se las cura, no le dejan nada al hombre.
Muere pronto, era demasiado tarde.
¿Puede acaso una mujer contentarse solamente con odio?
Si es así, amadme, amadme mucho y no dejéis de decírmelo,
y que alguna de vosotras me escriba.
¿Pero qué significa este ínfimo ser?
Casi no lo había advertido,
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19:43
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SOY GONG

En el canto de mi cólera hay un huevo,
Y en ese huevo está mi padre, mi madre, mis hijos
Y en todo eso hay alegrías y tristezas mezcladas, y vida
Intensas tormentas me han socorrido,
Hermoso sol que me contrariaste
Hay odio en mí, fuente de antigua data,
Y ya decidiremos después sobre la belleza.
En efecto, no me volví duro sino por láminas
Si supieran cuan blando he quedado en el fondo;
Soy gong, y guata y canto nevado,
Lo digo y estoy seguro
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19:40
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NOSOTROS

En nuestra vida, nada fue recto
Recto para nosotros
En nuestra vida, nada se consumó hasta el fondo
Hasta el fondo como para nosotros
Pero tomar el vacío entre mis manos
Cazar la liebre, cazar al oso
Golpear valientemente al oso
Ser despojado de todo, haciendo transpirar nuestro propio corazón
Arrojado al desierto, obligado a reunir su ganado,
un hueso por aquí, un diente por allá, a lo lejos un cuerno
Eso es para nosotros
Y decir que las siete vacas gordas nacen en este momento
Nacen, pero nosotros no las ordeñaremos
Los cuatro caballos alados acaban de nacer
Han nacido, sólo sueñan con volar
Nos da pena retenerlos. Llegarán casi hasta las estrellas esos animales
Pero no nos transportarán a nosotros
Para nosotros los caminos de topo, de alacrán
Además, hemos llegado a las puertas de la Ciudad,
De la ciudad-importante
Estamos ahí, no hay duda. Es ella. Es ella de verdad.
Todo lo que sufrimos para llegar… y para partir
Desatarse con lentitud, fraudulentamente, los brazos en la espalda…
Pero no somos nosotros los que entraremos
Son jóvenes qué-me-miras todos verdes, muy altivos quienes entrarán
Pero nosotros no entraremos
Tampoco iremos más allá. ¡Stop! No más allá
Entrar, cantar, triunfar, no, no, no es para nosotros.
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19:35
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¿NÁUSEA O ACASO ES LA MUERTE QUE LLEGA?

Ríndete, corazón mío.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.
¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.
Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.
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19:33
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14.3.09
FALLECE: BLANCA VARELA

Noticia triste la que nos encuentra hoy al despertar: ha fallecido Blanca Varela una de las voces más reconocidas de las letras hispanoamericanas. Contaba para el momento de su muerte con 82 años y se encontraba en su patria natal, Perú. No se han dado detalles de su muerte pero se sabía desde hace algunos años que una enfermedad la mantenía imposibilitada de escribir e, incluso, de comunicarse.
Blanca Varela fue un caso de excepcionaliad poética y de una gran humildad ya que como se ha dicho en repetidas oportunidades fue una escritora que nunca buscó premios ni preseas y éstos vinieron por la luz poética y vital de sus versos que recibieron, entre otros, el Premio Octavio Paz de poesía y ensayo (2001), el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2006) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el 2007.
Desde que entró en 1943 a la Facultad de Letras de la Universidad de Lima comenzó para Varela una carrera vital y literaria que la acercaría a los grandes personajes intelectuales del siglo XX. En Paris conocería a Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Alberto Giacometti, Leger, Henry Michaux, entre otros. Octavio Paz sería uno de los escritores latinoamericanos con los que también trabaría conocimiento en aquella época y que la apoyaría en la proyección de su obra.
En 1959 publica su primer libro, Ese puerto existe y en 1963 aparecería Luz de día. Luego seguirían ‘Valses y otras falsas confesiones’, ‘Ejercicios materiales’, ‘El libro de barro’ y ‘Concierto animal’. Su primera recopilación poética sería Canto Villano en 1978 y unos años después aparecería ‘Como Dios en la nada’, una recopilación de su poesía entre 1949 y 1988. Posterior a esa fecha aparecieron: ‘Donde todo termina’, ‘Abre las alas’, ‘El falso teclado’, ‘Sarita la bonita, ‘La locura en tres días’ y ‘Carlita’.
No quiero terminar esta triste noticia sin una muestra de la poesía de la poeta cuya voz se ha apagado para siempre hoy pero cuyos versos seguirán iluminando un camino por el que transitarán muchos de nuestros escritores y lectores. Una escritura luminosa y profunda en su levedad. Paz, Blanca. Amén.
Queden los versos de su poema ASÍ SEA:
El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.
No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.
Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.
Juliana Boersner
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11:28
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13.2.09
AURELIO ARTURO MARTÍNEZ
Aurelio Arturo Martínez (La Unión, 22 de febrero de 1906 - Bogotá, 24 de noviembre de 1974) fue un poeta colombiano hijo de Heriberto Arturo Belalcázar y de Raquel Martínez Caycedo. Después de esporádicas apariciones en El Tiempo, en los cuadernos de Cántico y en la Revista de La Nacho, que dio a conocer su poema fundamental, Morada al Sur, en 1945, entregó en 1963 el libro de su vida con este mismo título y que fue, por cierto, el único que vieron publicado sus ojos. (Con Morada al Sur comenzó Pedro Gómez Valderrama, Ministro de Educación de la época, una colección inédita de poesía contemporánea colombiana. Morada al Sur obtuvo inmediatamente el premio nacional de poesía "Guillermo Valencia", otorgado por la Academia Colombiana de la Lengua.Arturo, como abogado, se desempeñó en cargos judiciales y llegó a ser magistrado de los tribunales superiores Militar y del Trabajo. En este ramo ocupó la Secretaría General del Ministerio. Fue, así mismo, funcionario cultural de Colombia y de la Embajada de los Estados Unidos y catedrático universitario de humanidades y antropología. Fundó y dirigió la radio-revista literaria Voces del Mundo, donde estimuló generosamente a los jóvenes. Viajó a Estados Unidos y tradujo poesía especialmente de contemporáneos de habla inglesa.
Sobre Arturo se ha publicado: en 1989, Cuatro ensayos sobre la poesía de Arturo por William Ospina, Luis Darío Bernal, Lynn arbeláez, Marco Fidel Chaves y Roberto Perry. En 1991 apareció La poética de Aurelio Arturo; el festín de la palabra y de la vida por Ramiro Pabón Díaz y en 1997 El rumor de la otra orilla por Julio César Goyes Narváez.
Murió en Bogotá, el 24 de noviembre de 1974, meses después de haber recibido el doctorado Honoris causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Nariño
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22:40
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CLIMA

lo ágil en todo, son el canto.
Palmas había, palmas y las brisas
y una luz como espadas por el ámbito.
El viento fiel que mece mi poema,
el viento fiel que la canción impele,
hojas meció, nubes meció, contento
de mecer nubes blancas y hojas verdes.
Yo soy la voz que al viento dio canciones
puras en el oeste de mis nubes;
mi corazón en toda palma, roto
dátil, unió los horizontes múltiples.
Y en mi país apacentando nubes,
puse en el sur mi corazón, y al norte,
cual dos aves rapaces, persiguieron
mis ojos, el rebaño de horizontes.
La vida es bella, dura mano, dedos
tímidos al formar el frágil vaso
de tu canción, lo colmes de tu gozo
o de escondidas mieles de tu llanto.
Este verde poema, hoja por hoja
lo mece un viento fértil, un esbelto
viento que amó del sur hierbas y cielos,
este poema es el país del viento.
Bajo un cielo de espadas, tierra oscura,
árboles verdes, verde algarabía
de las hojas menudas y el moroso
viento mueve las hojas y los días.
Dance el viento y las verdes lontananzas
me llamen con recónditos rumores:
dócil mujer, de miel henchido el seno,
amó bajo las palmas mis canciones.Este verde poema, hoja por hoja,
lo mece un viento fértil, suroeste;
este poema es un país que sueña,
nube de luz y brisa de hojas verdes.
Tumbos del agua, piedras, nubes, hojas
y un sop
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22:35
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CANCIÓN DEL NIÑO QUE SOÑABA

Ésta es la canción del niño que soñaba
caminando por el salón penumbroso
de brisa lenta que estremecía sus pequeñas alas,
y oía, afuera, entre los árboles las arpas de la noche,
y voces ¿por qué tantas voces en el silencio?
Y cuando ya en el lecho su estrella descendía
y se quedaba temblando en un rincón como un sollozo,
el niño salía por la ventana como un pajarillo
pero su cuerpo muerto se estremecía en el sueño.
Y subía a las montañas y a la nieve lunar de las montañas.
Veía landas sin luna, desiertos acuáticos
y por fin hacia el final de las sombras,
una ciudad desierta, iluminada
y como en un relato de magnificencia y catástrofes,
por las calles un solemne cortejo: un asno
paso a paso y sobre su lomo entrañas humanas,
entrañas: gruesos rubíes y topacios.
Y termina la canción porque el gallo canta
y el sueño despierta el pequeño cadáver,
y llega el alba sobre sus yeguas blancas.
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Mercedes e Isabel
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22:32
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CANCIÓN DEL AYER

Un largo, un oscuro salón rumoroso
cuyos confines parecían perderse en otra edad balsámica.
Recuerdo como tres antorchas áureas nuestras cabezas
inclinadas
sobre aquel libro viejo que rumoraba profundamente en
la noche.
Y la noche golpeaba con leves nudillos en la puerta de
roble.
Y en los rincones tantas imágenes bellas, tanto camino
soleado, bajo una leve capa de sombra luciente como
terciopelo.
La voz de Saúl me era una barca melodiosa.
Pero yo prefería el silencio, el silencio de rosas y plumas,
de Vicente, el menor, que era como un ángel
que hubiese escondido su par de alas en un profundo
armario.
Mas, ¿quién era esa alta, trémula mujer en el salón
profundo?
¿Quién la bella criatura en nuestros sueños profusos?
¿Quizá la esbelta beldad por quien cantaba nuestra sangre?
¿O así, tan joven, de luz y silencio, nuestra madre?
O acaso, acaso esa mujer era la misma música,
la desnuda música avanzando desde el piano,
avanzando por el largo, por el oscuro salón como en un
sueño.
(A ti lejano Esteban, que bebiste mi vino,
te lo quiero contar, te lo cuento en humanas, míseras
palabras:
Cuando estás en la sombra. Cuando tus sueños bajan
de una estrella a otra hasta tu lecho,
y entre tus propios sueños eres humo de incienso,
quizá entonces comprendas, quizá sientas,
por qué en mi voz y en mi palabra hay niebla).
Un largo, un oscuro salón, tal vez la infancia.
Leíamos los tres y escuchábamos el rumor de la vida,
en la noche tibia, destrenzada, en la noche
con brisas del bosque. Y el grande, oscuro piano,
llenaba de ángeles de música toda la vieja casa.
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Mercedes e Isabel
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22:29
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CANCIÓN DE LA NOCHE CALLADA

En la noche balsámica, en la noche,
cuando suben las hojas hasta ser las estrellas,
oigo crecer las mujeres en la penumbra malva
y caer de sus párpados la sombra gota a gota.
Oigo engrosar sus brazos en las hondas penumbras
y podría oír el quebrarse de una espiga en el campo.
Una palabra canta en mi corazón, susurrante
hoja verde sin fin cayendo. En la noche balsámica,
cuando la sombra es el crecer desmesurado de los árboles,
me besa un largo sueño de viajes prodigiosos
y hay en mi corazón una gran luz de sol y maravilla.
En medio de una noche con rumor de floresta
como el ruido levísimo del caer de una estrella,
yo desperté en un sueño de espigas de oro trémulo
junto del cuerpo núbil de una mujer morena
y dulce, como a la orilla de un valle dormido.
Y en la noche de hojas y estrellas murmurantes
yo amé un país y es de su limo oscuro
parva porción el corazón acerbo;
yo amé un país que me es una doncella,
un rumor hondo, un fluir sin fin, un árbol suave.
Yo amé un país y de él traje una estrella
que me es herida en el costado, y traje
un grito de mujer entre mi carne.
En la noche balsámica, noche joven y suave,
cuando las altas hojas ya son de luz, eternas...
Mas si tu cuerpo es tierra donde la sombra crece,
si ya en tus ojos caen sin fin estrellas grandes,
¿qué encontraré en los valles que rizan alas breves?,
¿qué lumbre buscaré sin días y sin noches?
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Mercedes e Isabel
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22:25
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CANCIÓN DE LA DISTANCIA

Mirarás un país turbio entre mis ojos,
mirarás mis pobres manos rudas,
mirarás la sangre oscura de mis labios:
todo es en mí una desnudez tuya.
Venía por arbolados la voz dulce
como acercando un bosque húmedo y fresco,
y una estrella caía duramente,
fija, la antigua cicatriz de un beso.
De arena parecían los cielos, y volvía
poseso del rumor que cual dos alas
me ciñó en una ronda inacabable,
me ciñó al fin la flor de tu palabra.
¿Qué rojea en la noche sino el puro
labio tuyo? y corazón, estrella y sueño,
mueve un solo vaivén que lejos fluye,
turbio como distancia y como ruego.
Tu desnudez verás en mis ojos absortos,
mirarás mi horizonte que roe una fogata,
tú, que no serás nunca sino masa de llamas,
en mi honda noche de árboles, callada.
Desnudo en mi fervor y tú en tu sangre,
es más que seda suave este silencio,
en esta noche ancha en que germina
todo y palpita todo, aromas y luceros.
Volver cuando anoche en canto y frondas
y rumia el viento que lo aleja todo:
ya no veré sino una palma muda
y el cielo, un áureo torbellino, en torno.
Volver, los cielos parecían de arena,
ha mucho, hace un instante, ha mucho tiempo;
y nadie ha de quitarme esta noche en que fuiste
larga y desnuda carne vestida de mi aliento.
Volver la senda turbia oyendo al viento
rumiar lejos, muy lejos, de los días.
Por mi canción conocerás mi valle,
su hondura en mi sollozo has de medirla.
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Mercedes e Isabel
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22:05
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22.1.09
JOSE MARIA EGUREN

Escritor peruano. Pese a que nació un año antes que su compatriota José Santos Chocano, Eguren pertenece a la fase postmodernista del Perú y posiblemente la primera expresión lírica con rasgos contemporáneos que apareció en el país. Lo distingue un vocabulario delicado, una visión etérea elaborada con imágenes remotas y sugerencias nórdicas, y una estética depurada de toda ornamentación recargada propia del simbolismo. En realidad representa una de las muchas variantes innovadoras que siguió el posmodernismo hispanoamericano a partir de la primera década del siglo XX. Eguren era un solitario, un hombre que vivió y creó en la mayor discreción, al margen de grupos y capillas, casi en un estado de ascetismo artístico. Desde su casa en el balneario de Barranco, al sur de Lima, hacía continuas exploraciones para observar la naturaleza, pintar acuarelas y tomar fotografías. Su obra es relativamente exigua y se contiene esencialmente en Simbólicas (1911) y La canción de las figuras (1916). En la edición de su Poesía completa (1961), Estuardo Núñez agregó Sombra y Rondinelas. Sus ensayos sobre arte y naturaleza se recogieron en el volumen Motivos estéticos (1959). La suya es una poesía casi sin antecedentes en el Perú, pero con muchos seguidores y admiradores, fascinados por la rareza de su imaginación y el sesgo aéreo de sus meditaciones sobre las profundas cuestiones de siempre.
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Mercedes e Isabel
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18:20
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NOCTURNO

De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálido sombra.
Los insectos que pasan la bruma
se mecen y flotan,
y en su largo mareo golpean
las húmedas hojas.
Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.
En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.
Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.
En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
y muy grave su dulce, risueño
semblante se torna.
Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.
Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.
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Mercedes e Isabel
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18:11
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EL BOTE VIEJO

Bajo brillante niebla,
de saladas actinias cubierto,
Amaneció en la playa,
Un bote viejo.
Con arena, se mira
La banda de sus bateleros,
Y en la quilla verdosos
Calafateos.
Bote triste, yacente,
Por los moluscos horadado;
Ha venido de ignotos
Muelles amargos.
Apareció en la bruma
Y en la armonía de la aurora;
Trajo de los rompientes
Doradas conchas.
A sus bancos remeros,
A sus amarillentas sogas,
Viene los cormoranes
Y las gaviotas.
Los pintorescos niños,
Cuando dormita la marea
Lo llenan de cordajes
Y de banderas.
Los novios, e la tarde,
En su alta quilla se recuestan;
Y a los vientos marinos,
De amor se besan.
Mas el bote ruinoso
De las arenas del estuario,
Ansía los distantes
Muelles dorados.
Y en la profunda noche,
En fino tumbo abrillantado,
Partió el bote muriente
A los botes lejanos.
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Mercedes e Isabel
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18:05
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LA PENSATIVA

En los jardines otoñales,
bajo palmeras virginales,
miré pasar muda y esquiva
la Pensativa.
La vi en azul de la mañana,
Con su mirada tan lejana;
Que en el misterio se perdía
De la borrosa celestía.
La vi en rosados barandales
Donde lucía sus briales;
Y su faz bella vespertina
Era un pesar en la neblina...
Luego marchaba silenciosa
A la penumbra candorosa;
Y un triste orgullo la encendía,
¿Qué pensaría?
¡Oh su semblante nacarado
Con la inocencia y el pecado!
¡oh, sus miradas peregrinas
de las llanuras mortecinas!
Era beldad hechizadora;
Era el dolor que nunca llora;
¿Sin la virtud y la ironía
Qué sentiría?
En la serena madrugada,
La vi volver apesarada,
Rumbo al poniente, muda, esquiva
¡La Pensativa!
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Mercedes e Isabel
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18:00
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LA NIÑA DE LA LÁMPAR AZUL

En el pasadizo nebuloso
Calcula mágico sueño de Estambul,
Su perfil presenta destelloso
La niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
Y su llama seductora brilla,
Tiembla en su cabello la garúa
De la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa
el fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
Con cálidos ojos de dulzura
Y besos de amor matutino,
Me ofrece la bella criatura
Un mágico y celeste camino.
De encantación en un derroche,
Hiende leda, vaporoso tul;
Y me guía a través de la noche
La niña de la lámpara azul.
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Mercedes e Isabel
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17:41
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MARCHA FUNEBRE DE UNA MARIONNETTE
Suena trompa del infante con aguda melodía...La farándula ha llegado a la reina Fantasía;
Y en las luces otoñales se levanta plañidera
La carroza plañidera.
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos
Y con sus caparazones los acéfalos caballos;
Van azul melancolía
La muñeca. ¡No hagáis ruido!;
Se diría, se diría
Que la pobre se ha dormido.
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones
Y los siguen arlequines con estrechos pantalones.
Ya monótona en litera
Va la reina de madera;
Y Paquita siente anhelo de reír y de bailar,
Flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza;
Suena el pífano campestre con los aires de la danza.
¡Pobre, pobre marionnette que la van a sepultar!
Con silente poesía
Va un grotesco Rey de Hungría
Y los siguen los alanos;
Así toda la jauría
Con los viejos cortesanos.
Y en tristor a la distancia
Vuelan goces de la infancia,
Los amores incipientes, los que nunca han de durar.
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar!
Melancólico el zorcico se prolonga en la mañana,
La penumbra se difunde por el monte y la llanura,
Marionnette deliciosa va a llegar a la temprana sepultura.
En la trocha aúlla el lobo
Cuando gime el melodioso paro bobo.
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía
Y la dicha tempranera a la tumba llega ahora
Con funesta poesía
Y Paquita danza y llora.
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Mercedes e Isabel
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17:27
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17.1.09
NUESTRO PRIMER ANIVERSARIO
Hace un año comenzamos con nuestro primer blog, nuestro entusiasmo hizo crecer más las ilusiones y hoy tenemos unos cuantos más dedicados a lo que nos gusta “La Literatura”.
Así pues queremos invitarles a que sigan visitándolos y que sigan participando con sus comentarios y sugerencias, que son, de verdad, muy estimulantes y desde luego bienvenidos para continuar .
Gracias a todos
DORIS MOROMISATO
Doris Moromisato Miasato (1962) nació en Chambala, zona agrícola de Lima. Es graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios Morada donde la luna perdió su palidez (1988), Chambala era un camino (1999) y Diario de la mujer es ponja (2004), así como el libro de crónicas Okinawa. Un siglo en el Perú (2006). Es ecologista, feminista y budista. En el 2006 la Prefectura de Okinawa la nombró Embajadora de Buena Voluntad. Actualmente es columnista de Discover Nikkei Website, y desde el 2005 tiene a su cargo la organización de las ferias de libros como Directora Cultural de la Cámara Peruana del Libro.
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Mercedes e Isabel
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16:46
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DOMINGO EN CHAMBALA

4:30 pe eme
Otros sonidos acompañan mi vida.
Mi vecino está convencido de que es su día de descanso
y ríe.
De pronto, el viento se colma de saxofones
y no cabe duda: la felicidad habita detrás de los cerros.
Mulizas, chonguinadas, santiagos, trocan mi música
interior.
El viento aún huele a tempura de camote.
El olfato de mi memoria es más fuerte que mi nariz.
Mi madre tierna y disciplinada
troza en el tablero de madera
chuk, chuk, chuk.
Mi memoria es más fuerte que mis orejas,
que mis párpados,
que mi cuerpo consumido por este paisaje terrestre.
Infaltable, una avioneta surca las nubes.
Un colibrí se posa en el molle.
Nada le perturba, su tarea consiste en existir.
Y él lo sabe.
No soy más que él.
Y debo vivir porque pronto saldrá la luna.
Chambala 4:30 pe eme
Tráfago, cerro, utsuquisama, yunta, dark, uchimanchu,
¿qué palabra elegiré para conjurar el futuro?
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Mercedes e Isabel
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16:40
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TODAS LAS BALLENAS VAN AL SUR

Inmenso manto azul
por donde el sol se asoma a ver el mundo:
mar Atlántico.
Toda la pena navega por sus aguas
su cal calcina en mí la más perdida memoria
y la eleva en la cresta que estalla contra el viento.
Quiero morir y no puedo.
Todas las ballenas van al sur
con sus vientres habitados ellas avanzan
grises, peregrinas
hacia el agua más fría.
Ni la sangre en los arpones, ni la sangre derramada
impedirán el milagro,
puedo escuchar sus aletas surcando las aguas profundas
mágica danza la de su cola apartando las algas marinas,
puedo sentir sus pulmones atrapar el aire de la noche
para devolverlo en abanico al cielo.
Ayer sus pasos retumbaron sobre el polvo,
hoy sus cantos se apagan entre medusas y caracolas.
Van hacia los confines de la tierra,
hacia las ventiscas de la Patagonia
remontan la memoria de los tehuelches
y cruzan mi lejana mirada, ahora, que no entiendo la vida.
Cierro los ojos. Puedo verlas girando, una después de otra.
La rueda de la vida.
La voz de Gautama que predijo este dolor
vuelve a mí, siglos después.
Quiero morir y ya no puedo
ellas no me dejan
sus poderosas aletas detienen mis lágrimas
sus cuerpos estremecen el mío
y desde esta orilla
añoro a mi madre en esa misma espera
debajo de la luna y el sol
buscando el agua mansa y remota
oscuridad salvaje
donde vi mi primera luz.
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Mercedes e Isabel
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16:33
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CORNAMENTA

La pradera era amarilla cuando vi. la luz.
Mis ojos despegaron la lluvia cubriendo mis pestañas.
Escalofríos y calambres, mis escuálidas piernas.
Ah, madre acariciaba mi rostro,
lamía mi pelaje, lenta, infinita.
Cuánta dulzura en su ubre, cuánta innombrable
emoción en mi boca, ¿por qué desdeñar este sol
que calentaba mis orejas, igual que en su vientre?
Después de ese amor todo era fácil, trepar
los montes, esquivar las espinas, la muerte
merodeando detrás de los árboles, de una oscura mira.
Qué súbito placer la primera baya entre mis dientes,
la primera fragancia de la hierba, las hojas
en el otoño, susurrando debajo de mis patas.
La pradera era verde cuando el cielo derramaba azul
sobre los árboles y ramas crecieron de mi frente
cuando ella avisto mis ojos.
El amor era su aroma de hembra, la cadencia
de sus ancas brincando las acequias.
Su cuerpo era un remanso, brillante, incontenible
bajo mi salvaje frenesí.
Era como este celaje que envuelve mi vista
aquí, bajo los matorrales
donde aguardo para morir como mueren las bestias,
abandonando mi cuerpo en el polvo,
oyendo como avanza el agua en el manantial,
esperando que la última gota de sangre fluya
de mi pecho
por culpa de esta bala que atraviesa mi corazón
y mansamente hundo
el hocico en la oscuridad.
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Mercedes e Isabel
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16:20
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15.1.09
MARÍA NEGRONI. Biografía
María Negroni, poetisa, ensayista y escritora argentina, nació en Rosario, Provincia de Santa Fe. Tiene un doctorado en Literatura Latinoamericana otorgado por la Universidad de Columbia, Nueva York.
En poesía ha publicado: De tanto desolar (1985); La jaula bajo el trapo (1991); Islandia (1994); El viaje de la noche (1994); Diario Extranjero (2000); Camera delle Meraviglie (2002), La ineptitud (2002). Night journey (2002) y Arte y fuga (2004).
Ensayos: Ciudad Gótica (1994), Museo Negro (1999), El testigo lúcido: La obra de sombra de Alejandra Pizarnik (2003). También publicó la novela El sueño de Ursula (Seix-Barral, Biblioteca Breve, 1998) y un libro en colaboración con el artista plástico argentino Jorge Macchi, Buenos Aires Tour (2004).
Tradujo, entre otros, a Louise Labé, Valentine Penrose, Georges Bataille, H.D. y Charles Simic. Obtuvo la beca Guggenheim en poesía (1994), la beca Fundación Rockefeller (1998) y la beca de la Fundación Octavio Paz (2002) y New York Foundation for the Arts (2005).
Obtuvo el premio del PEN American Center al mejor libro de poesía en traducción del año (Nueva York, 2001) con Islandia. Dirige, junto al crítico Jorge Monteleone, la revista de poesía y poética Abyssinia. Actualmente enseña Literatura Latinoamericana en Sarah Lawrence College, Nueva York.
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Mercedes e Isabel
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21:04
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LA CIUDAD NÓMADA

Como si de tanto ser abril, abril se esfumara. Y yo, esa mujer cansada, sin
saber qué hacer con tanta huida, dónde esconder las armas del exilio y
la astucia. Al entrar, primero a un corredor y luego a un patio cuadrado
y generoso, alcanzo a ver al hombre que tal vez me enseñe a amar. Por
un beso, recogería ese umbral, ese cielo más hondo donde sueñan sus
labios, abrazaría mis lágrimas futuras, esta penosa vida que me avanza.
Pero no me detengo, el patio hierve: unos jóvenes corren, un auto frena
en seco, rugen ametralladoras, la noche clandestina, hay un algo de nup-
cias con fantasmas, de cita cantada. De pronto, dice una voz a mi lado:
Córrete para atrás que ahí viene la ciudad.
Veo que la ciudad se acerca y pasa por delante como si fuera un río.
Una novia clara. Transcurre, de izquierda a derecha, lentamente, con su
perfil de almenas y de lumbre. Alborozada, me pregunto por dónde he
de cruzarla.
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Mercedes e Isabel
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21:01
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CARTA A SÈVRES

...Ahora que llueve, que irrumpen las voces de la noche, el vientre de
la noche, la inspiración azul. Que todo se derrumba al fondo de sí mismo,
los héroes huyen, el silencio brama, lo cerrado es abierto, la parte el
todo, lo ambiguo ambiguo. Que me pierdo en ciudades que aún no he
sido, azorada de lo que existe sin ninguna razón, sin reclamar un sen-
tido, y es vasto y múltiple y vacío como un poema que le habla a Dios.
Que estas líneas al filo de mi cuerpo consuman por fin lo inexistente y
su alegría, este elusivo interregno que soy, ese jardín ilegible donde la
dama deshonesta escribe en su rincón de sombras. Y todo sucede tan
lento, el temor y la tensión, ese futuro perdido como una pena, el deseo
que hace tanto es una enfermedad, todo ocurre como si lo hubiera traído
un visitante, una parte de mí más grande que yo, la que tiene un sueño
incumplido pero la idea se le escapa, como una promesa. Y está bien
así, todo debe aprender a perder, a volver al reino de lo desconocido
incluso el amor más durable, el que se ignora a sí mismo. Ahora que los
cantos no importan, o importan en la medida en que fracasan (pues la
belleza se revela a solas en aquello que se quiebra), que me he que-
dado sola, sola en la casa ciega, yo, la novia sensual de la penumbra,
y alguien susurra a mi oído el arte de limpiar el jardín...'
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Mercedes e Isabel
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20:58
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EL ESPEJO DEL ALMA
Hermann Broch
Tuve que viajar a Nevada para verte.Una gran planicie rodeaba la casa
donde me esperabas con una túnica blanca, más alta que de costumbre.
Presentí que la casa existía en la memoria, cosa que confirmaste atrave-
sando con tu brazo el hielo que suplantaba ahora a las paredes. Acos-
tumbrada a esconderme en las palabras, quise darte una carta. Esa carta
hablaba de las diferencias del río: lo que fue, lo que es, lo que será. Pero
vos eras el río y la imagen del río, visto desde la altura (quiero decir,
la furia misma). Me miraste, morada de ternura, bajo el color inconstante
de la niebla. Terminé por tratar de pinchar la carta a tu plumaje pero te
negaste, afable, como quien aprecia el esfuerzo de simular lo imposible.
El pico tembló ligeramente. Me dejaste a merced de la felicidad, contem-
plándote, ahora que eras un enorme pájaro blanco.
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Mercedes e Isabel
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20:55
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FATA MORGANA

Venecia completamente hundida. Sólo se ven los duomos, estatuas sobre los duomos, el cobre de algún campanil. En la tarde, el agua tiene el
color de los espejos falsos. Melancolía en gris, duelo a la deriva. Pasa
un zapato de charol negro, enorme, de taco altísimo. Féretros envueltos
en terciopelo rojo se mecen en el agua, como góndolas. Pienso; Estoy
a salvo. El cementerio es esta isla amurallada. No hay nadie más que yo,
e hileras de camisas con corbata (siempre en tono gris), manos que
salen de la tierra, si uno levanta una de esas manos, aparece una mujer
en vestido de otra época, al instante se desvanece, su expresión no es
infeliz.. (Siguen los ataúdes, siguen los espejos bajo la tarde en vilo.)
Una bufanda azul se agita sobre una cruz, una fecha improbable sobre
un muro. Entonces aparece el ángel con una pluma en la mano y dice:
?Ahora, cierra los ojos y vuelve a perder el sitio de tu extravío.
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Mercedes e Isabel
en
20:52
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Etiquetas: María Negroni
IMPROVISACIONES EN BABEL

Al estilo de cendrars o del franco alsaciano arp
que posaban de
políglotas
enamorada de las palabras que acentúan
lo inentendible o verosímil
en aras de pequeñas
desorientaciones
imprescindibles
querida:
exponerse por ahí es verdad que luce el gesto / pero fluctuar entre
representar algo y ser eso / ha sido tarea de cíclopes / desde mary
carmichael para acá.
lo que sucede en el n° 3 de mercer street /
(hay un museo holográfico) / no entra en el atadito de sus cosas / y
el calor y la violencia de un corazón de poeta / negocian desde siempre
mal con el cuerpo.
me pregunto / si no tirarse por la ventana
cual anónima / que no pudiera caminar hasta londres bastaría / o si la
guerra con su destino es el leit motiv del canto.
te escucho hablar / como si escribieras tu
epitafio / como si lo hicieras adrede.
(a Virginia woolf)
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Mercedes e Isabel
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20:50
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11.1.09
VICENTE MARTÍN GANA EL VIII PREMIO VICENTE NÚÑEZ DE POESÍA

VICENTE MARTÍN MARTÍN,
En este caso se trata del VIII PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA VICENTE NUÑEZ,
convocado por la Excma. Diputación de Córdoba - España.
NUESTRAS MAS SINCERAS FELICITACIONES
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Mercedes e Isabel
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14:18
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2.12.08
FELICITACIONES AL POETA: VICENTE MARTÍN

Concedido por la Consejería de Cultura de la Junta
Vicente Martín, Premio Fray Luis de León de Creación Literaria.
El escritor abulense Vicente Martín ha sido galardonado con uno de los Premios Fray Luis de León de Creación Literaria 2008, que concede la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta.
Martín Martín, nacido en Collado de Contreras y residente en la localidad madrileña de Torrejón de la Calzada, se ha hecho con el galardón en la modalidad de poesía, por el poemario titulado "No me pidas que cante cuando vengas"
Publicado por
Mercedes e Isabel
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21:52
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26.10.08
MARGARET ATWOOD. Biografía
Esta canadiense, que nació el 18 de noviembre de 1939 en Otawa bajo el nombre de Margaret Eleanor Atwood, mostró desde muy pequeña su afición a la lectura y, con sólo 16 años de edad, comenzó a sumar experiencia en el mundo literario a través del cual incursionó en la novela, la poesía y el ensayo.
Tras asistir a la Universidad de Toronto, la escritora se graduó en 1961 como licenciada en Filología Inglesa. Tiempo después, completaría su formación con estudios de postgrado en el Radcliffe College de la Universidad de Harvard, institución donde no sólo obtendría un master sino que también permanecería dos años más acumulando conocimiento.
A lo largo de su trayectoria, además de dedicarse a publicar libros, a la creación de guiones televisivos y a dar clases de Literatura Inglesa en varias universidades tales como las de British Columbia, Sir George Williams, York, Alberta y Nueva York, Atwood también se desempeñó como vicepresidenta de la Unión de Escritores de Canadá, presidenta del PEN, socia mayoritaria del Massey College en la Universidad de Toronto, integrante de la Royal Society de Canadá, miembro activo de Amnistía Internacional y miembro honorario de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias.
“El cuento de la criada”, “La mujer comestible”, “Ojo de gato”, “El asesino ciego”, “Resurgir” y “Doña Oráculo” son algunas de las obras creadas por esta distinguida autora canadiense que, entre otros reconocimientos, ha obtenido el prestigioso Booker Prize, el Gobernor”s General”s Award, el Toronto Book Award y el Canadian Booksellers Award, además de haber sido traducida a más de treinta lenguas.
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Mercedes e Isabel
en
20:07
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MARGARET ATWOOD. Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008
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Mercedes e Isabel
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20:04
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SEKHMET cabeza de león, diosa de la guerra, las tormentas violentas, la peste y la curación de la enfermedad, contempla el desierto en el Metropolitan

Fue uno de esos hombres
incapaces de matar a una mosca...
Muchas moscas viven ahora
y él no.
No fue patrón mío, prefería
los graneros repletos; yo, la batalla.
Presagiaban matanza mis rugidos.
Y sin embargo ahora estamos juntos,
en el mismo museo.
Tampoco veo los grupos caprichosos
de niños admirados
que aprenden la lección del olvido
multicultural, sic transit
y etcétera.
Veo el templo donde nací
o me levantaron, donde fui poderosa,
y más allá el desierto, con sus tumbas
calientes en forma de cono, a decir verdad
y a la distancia, muy semejantes
a orejas de burro,
donde se ocultan mis bromas: piel y huesos
resecos, las barcas de madera
donde los muertos navegan
sin rumbo por toda la eternidad.
¿Qué esperabais oír de dioses
con cabeza de animal?
Y sin embargo, si bien se piensa,
los que inventaron luego, completamente humanos,
tampoco se lucieron.
"Ayúdame, hazme rico
destruye a mi enemigo"
parece ser la pauta en general.
Y también : "Sálvame de la muerte",
a cambio de vuestras ofrendas de sangre
y pan, oraciones y flores,
mucha palabrería.
Tal vez se me escape algo, pero si buscáis
amor altruista, os habéis equivocado de diosa...
Me quedo donde estoy,
hecha de piedra e ilusiones,
que la deidad que mata por placer,
también sane;
que en la última pesadilla aparezca
una leona buena con vendas en la boca
y cuerpo suave de mujer,
y que os limpie la fiebre a lametazos,
que os levante el alma con dulzura, por el cuello,
y os abrace hasta la oscuridad, el paraíso.
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Mercedes e Isabel
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SIN NOMBRE

Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-sitúas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un "por favor" susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría "sin tacha".
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar.
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19:57
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POEMA NOCTURNO

No hay nada que temer,
es sólo el viento
que ahora sopla hacia el este, es sólo
tu padre..........el trueno
tu madre..........la lluvia
En este país de agua
con su luna ocre y húmeda como un champiñón,
sus muñones ahogados y sus pájaros largos
que nadan, donde crece el musgo
por todo el tronco de los árboles
y tu sombra no es tu sombra
sino un reflejo,
tus padres verdaderos desaparecen
al bajar la cortina
y quedamos los otros,
los sumergidos del lago
con nuestras cabezas de oscuridad
de pie ahora y en silencio junto a tu cama...
Venimos a arroparte
con lana roja,
con nuestras lágrimas y susurros distantes.
Te meces en los brazos de la lluvia,
el arca fría de tu sueño,
mientras aguardamos, tu padre
y madre nocturnos,
con las manos heladas y una linterna muerta,
sabiendo que somos solamente
las sombras vacilantes que proyecta
una vela, en este eco
que oirás veinte años más tarde.
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Mercedes e Isabel
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19:52
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ORFEO

Delante mío caminabas,
atrayéndome
hacia la verde luz que alguna vez
me asesinó con sus colmillos.
Insensible te seguí,
como un brazo dormido y obediente
pero no fui yo quien quiso
volver al tiempo
Había llegado a amar el silencio,
pero mi antiguo nombre era una cuerda
o un susurro tendido
entre nosotros.
Y estaba tu amor,
las viejas riendas de tu amor,
tu voz corpórea...
Ante tus ojos mantenías
la imagen de tu deseo, que era yo,
viva otra vez.
Y por esta esperanza tuya continué,
y así fui
tu alucinación, floral
y oyente
tú me creabas
al cantarme y una piel nueva me crecía
en mi otro cuerpo, envuelto en niebla,
y tenía ya sed, y manos sucias,
y veía ya,
perfilados contra la boca de la gruta,
el perfil de tu cabeza y de tus hombros
cuando te diste vuelta para llamarme
y me perdiste...
Así que no llegué a ver tu rostro,
sólo un ovalo oscuro,
y a pesar de sentir todo el dolor
de tu derrota, debí rendirme,
como se rinden las mariposas de la noche.
Tú creíste
que sólo fui el eco
de tu canto.
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19:47
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EURÍDICE

El ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere "real",
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
El necesita ver para creer
y está oscuro.
Atrás, atrás..., le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad...
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16.10.08
FALLECE RAMIRO FONTE
Licenciado en Filosofía e Letras y profesor de Lingua e Literatura Galegas, Ramiro Fonte fue uno de los fundadores del colectivo poético Cravo Fondo, en 1977. Nacido en Pontedeume en 1957, además de poeta cultivó la narración, el ensayo, la crítica y fue un estudioso de la literatura gallega.
Cuenta con una importante obra narrativa, aunque es más conocido por su producción poética, por la que recibió importantes reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio da Crítica de Galicia, el Premio Losada Diéguez de creación, el Premio de la Crítica Española, el Premio Esquío y el Premio Miguel González Garcés. Entre su obra poética se encuentran 'As cidades da nada' (1983), 'Designium' (1984), 'Pensar na tempestade' (1986), 'Pasa un segredo' 1988, 'As lúas suburbanas' (1991), 'Adeus norte' (1991), 'Luz do mediodía' (1995), 'Persoas de amor' (1995), 'O cazador de libros' (1997), 'Mínima moralidade' (1998), Capitán Inverno (1999) y 'A rocha dos proscritos' (2001).
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RAMIRO FONTE. BIOGRAFÍA
Poeta, narrador, crítico y ensayista español nacido en Pontedeume, La Coruña,
en 1957.
Licenciado en Filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela, ejerce actualmente la enseñanza del gallego en un instituto de Vigo.
Se dio a conocer como poeta en el grupo Cravo Fondo a finales de los años setenta y en 1983 publicó su primer libro: «As cidades da nada». Posteriormente publicó los siguientes títulos: «Designium en 1984), «Pensar na tempestade» en 1986, «Pasa un segredo» en 1988, «Adeus Norte» en 1991, «Luz do mediodía» en 1995, «O cazador de libros» en 1997, «Mínima Moralidade» en 1998 y «Capitán Inverno» en 1999.
Miembro correspondiente de la Real Academia Gallega, es en la actualidad, director del Instituto Cervantes de Lisboa.
Obtuvo el Premio de la Crítica Galicia y Premio Losada Diéguez en 1984, el Premio de la Crítica Española en 1989, y el premio Esquío 1991 por su libro «Adeus Norte» Sus poemas están presentes en numerosas antologías de poesía gallega y peninsular
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LA ROSA

Esa flor que posabas
En el vértice agudo de tus días
Que eran también los míos -si me lo concedes-
y era un peligro audaz, un tanto dulce,
Dejarla allí, invocarla
A través de la canción de los solitarios
O de las grandes derrotas; esa flor
Por ti acostada
En la trémula frontera que tu pecho
Hace con lo terrible, con lo que queda lejos,
Con lo que cae allende nuestros sueños,
Se mustió durante cien albas bien frías;
De su ceniza brotó la única rosa.
Y era aquel tiempo triste, ciertamente.
Llovía mucho en torpes calendarios,
En los días jueves, en los abrigos lentos;
En las pálidas semanas de un amor,
Y nosotros, los fugitivos
De todos los deseos,
Manchábamos los colores de los retratos
Con gestos esquivos, con miradas
Codiciosas de la insegura partida,
Y era aquel tiempo grande porque teníamos rosas.
A veces nos sorprendemos
Persiguiendo los recuerdos como tal vez procura
Un marinero ciego con sus ojos
El engaño de una luz que viene del mar,
Y volvemos allí para caer de nuevo,
Para dejar partir esos expresos
Que desgarran el amanecer porque desean
Otras ciudades puras, algún lugar sin nombre;
Para darle a esa noche que no nos lo merece
La moneda de oro restregada
Por la rara amistad que provocan los versos.
No debemos dejar que el viento de la impiedad
Derroque una atalaya de inocencia
O que no queme el vuelo un ángel negro
Derramado en las almas.
Porque estamos seguros
De que para ahogar de nuevo la mocedad
Precisamos manos limpias y agua clara,
Y saber que arrasamos un jardín
Y alguna primavera, que perdimos
Quizás alguna vida
Para volver a la vida y encontrarnos,
Pero no los recuerdos ni la rosa.
De AdeusNorte, 1991
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16:30
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VIAJERO

En este lugar extraño
Penó doce lunas. Tres riachuelos partieron.
Uno se fue hacia el otoño,
El otro besó los arenales del verano y las quillas vencidas,
El tercero dos ciudades
Y un jardín
-El que llamamos Sur-.
Pero ninguno fue secreto manantial
Donde bebe la aurora y calma tu sed
Aquel dolor de escalas partiendo a ningún lugar
No pudieron borrarlo
De las íntimas bahías en las que fue tan feliz.
Por el tiempo de las lluvias
Regresó a los edificios
Que bajan hacia el mar cuando diciembre,
Con una llaga de playas y en su corazón
(Colmado hasta las orillas de cúpulas y viento)
No había tristeza.
Con la moneda del canto pagó bien sus deudas,
Quisiera ser nadie en las páginas que el Tiempo
Repasa como las luces de la estación más amada.
Escuchó a los oráculos y no quiso seguirlos.
Es dura la soledad a la orilla de algún puerto mientras esperamos
Y el resplandor deshace las telas de la alta noche.
De Designium, 1984
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16:25
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¿TAMBIÉN ESCOGES ABRIL?

Todo oropel de Abril es triste causa
Y luz que en las estancias deshace las telas del invierno
-Eso lo hace algo suave-,
Tiene flores terribles,
Duran lo que dura el deseo
Y la palidez de las altas madrugadas en las vidrieras del día.
Es estanque donde reflejo los párpados del adiós,
Agua estancada y verde que asume un rostro ciego,
Sombra maldita de tejos.
Sus tormentas baten en el recuerdo,
Y mojan y lastiman e interrogan
El perfecto dominio de la memoria,
Porque, propicios, quieren
Los corazones del hombre
Acercarse a las más profundas alamedas,
Ir a la búsqueda de las extensiones del mar con su mirar azul,
Ver bajar los navíos, ansiosos de sur,
Hacia las islas invictas.
Algún día dijimos viene Abril
Y era una clara alegría como las alas de las palomas;
Los lugares del ser victoriosos y ciertos.
Entonces se hizo el augurio en los últimos jardines
Invadidos de mar, que atravesamos;
Desandamos pisadas y eran nuestros los rumbos,
Su agrio misterio.
Pido sosiego a la tarde, aposento de marzo,
Mes que viola alguno de sus olvidos,
Por escoger Abril, siempre invocado,
Por medir la memoria de los relojes de arena, tan inútil!
La música del tiempo en la exultante estación
Por sentarme a la orilla de su río secreto.
Esta es la vana jaula de un pájaro herido.
De Pensar na tempestade, 1986
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16:21
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SEGUNDO LARGO ADIOS PARA UN JÓVEN MARINO

Sirtes, Sirtes,
Buscadme propicias
Peñas donde naufragar. Yo sigo vuestro engaño,
El mismo de las olas que en este azul de la noche temprana
Pronto parece víspera
De una partida al sur. Pero dejadme
Contemplar esta tarde, sus restos en la arena,
Pues tanto huele a islas de verano por las corrientes
Mojadas. Permitidme
Permanecer todavía a la orilla de noviembre,
Que es tan hermoso y triste a la misma hora
Quedar solo en lo lejano de los muelles.
Vosotros habláis vocabularios de jóvenes marineros
Que a la decisión de las olas entregaron los pechos.
Decidme también en la bajamar más profunda.
De Designium, 1984
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16:16
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RITO MENOR

Incendiar los orígenes como se queman labios
Y rechazar la máscara que el día nos prepara,
He ahí la forma secreta de pasar por otoño
Sin perder la ebriedad de los culpados jardines.
Que nunca aquellos ojos a los que dimos
El reposo de las aves solitarias,
La lejanía clara de los ponientes
Se claven en los espejos de la tarde.
Como fuegos perdidos
Que buscasen al hombre,
Su cuerpo sin lluvias atravesando abril
Viven en los libros rotos de las fronteras.
Quién destejió banderas en el hastío
De las playas siendo agosto
Y contempló el mar sin escuchar el canto
Del marino apresado por las lunas del sur,
Maldito sea!,
Y en la hora futura de las amapolas,
En el alto mástil de las noches en nuestros corazones,
Sea maldito,
Y toda esa estación a la que pueda darse,
Y todos sus puertos.
De Designium, 1984
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Mercedes e Isabel
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16:10
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PLAZA DEL MUNDO

Tantas veces canté tu profundo
Vacío de teatro,
Que hace del hombre gárgola indefensa
En la turbia plenitud de las auroras
Pero no dije dónde.
Fui estancado río y llegué junto a ti;
Fui feliz en las estaciones de la flor
Y buscaba tus noches.
Sabedor me sé de cierta inclinación
Que tengo hacia los largos ecos;
Ya cualquier campana recuerda la medida
De alguna berengüela que no hizo
El póstumo poema.
Ahora que ya tienes la longitud
De un sueño
Y podemos, a tientas, proseguir
Viejos andares que van a morir al día,
Cómo voy a evocarte por vez primera!
Donde quise encuentros
Me espera un abrazo nunca dado.
De Pensar no tempestades, 1986
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16:05
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EL ENEMIGO

Cuando estés un poco malogrado
O te importune ese personaje
Que la derrota, muy sutil urdiera,
Puede hacer asomar en tu rostro,
No arrojes tu sueño como un anillo al río,
Sobre aquello que amas no puedas renunciar.
Cuando estés un poco malherido,
Quizás también oscuro, puede que un tanto harto
Y, al procurar verso, no encuentres
La música apropiada, lo que te exige el canto,
Recuerda que algún día fuiste dueño,
Que guardar silencio puede ser causa grande.
Cuando llenes de vaho los espejos con la tristeza
De ese ser que los procura, y anda errante en la casa
Como un barco impaciente que abandonó el mar,
Nunca pierdas el rastro de las estrellas
Fugitivas, y nunca te abandones
Al gesto vano, a lo falso o a la mentira.
Cuando quieras vivir
Por un país que esté más al norte,
Más cerca de la vida; al abrigo de otros puertos
A los que desciende el cielo con toda la claridad,
Y lejos de estos hombres que no quieren
Saber lo que tú mucho querrías,
Piensa en la casa sola que, desnuda, se dirige
Valiente y traicionada hacia el mar;
Y que debes salvarla, dándole otros caminos.
Es así que en esta hora te sucede
Que estás un poco triste, malherido,
Un tanto malogrado y sabes letras
De esas torpes canciones del desencanto,
Mi viejo capitán de las bajas horas,
Olvídate de mí, pero no olvides
Los pactos misteriosos a los que entre los dos llegamos,
Deja que suene la música. Y que pase otra vez.
De Adeus Norte, 1991
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15:55
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6.10.08
VESTIGIOS MAS ALLA DEL OTOÑO
A Francisco BrinesCuando ya no te queda sino el viento
segado en una mano
y en la otra la luz arde callando,
pues lo has gozado todo, sin quererlo,
como un niño perdido en una fiesta,
y el mundo pende de tus ojos,
sueño vencido por el tiempo,
y te puedes morir transfigurado
sin despertar ni una oración ni un pájaro.
Ya has ganado el silencio,
no el corrupto, el pedestre silencio del olvido,
sino el alma mayor de las palabras
gastadas totalmente.
Has pasado el umbral
y habitas la sagrada zona última.
Has llegado hasta el límite indefenso,
a la altura agotada por los vuelos.
Y debes sonreír, como una máscara
que sube al sacrificio,
siendo temor, difusa pesadumbre
de sueñor que se adentran en la muerte.
Cierras los ojos y entras como un niño
a los lentos rescoldos del otoño,
más allá de lo puro y lo destruído,
salvado tras el último silencio.
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Mercedes e Isabel
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01:55
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CLARIDAD AGONIZANTE
A José Luis Cano
El otoño se muere
sin un solo esplendor.
En los árboles raudos de la tarde
permanece su aliento conmovido
como una claridad agonizante.
Es el veloz destino del misterio
apresado en las ramas de la muerte.
De pronto, el viento se distiende y calla
como en un estertor,
sube el frío nocturno hasta los sueños
crispados de las hojas,
caen remolinos de silencio hiriente,
volátiles espejos de la lluvia,
alas nunca soñadas
se apagan y se encienden en el alma,
rostros amados finge el horizonte,
y como si pasara el mar,
el mar más imposible,
se detiene el otoño
y surge la verdad
conmovida del sueño del invierno.
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Mercedes e Isabel
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01:46
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REVENAR
A Justo Jorge Padrón
Después de haber bebido
el trago largo, espeso, de la furia.
Cuando la mano acepta su destino
de empuñadura de los sueños solos.
Y se alcanza la inútil y vidente
beatitud del mar.
Cuando se entiende
la voluntad total de la mañana.
Y la luz agotada
de las lámparas ciegas de la tarde
nos arrastra, deslumbra y precipita
hacia las consecuencias últimas del llanto.
Es preciso vencer,
ganarle la partida al vínculo perenne
del alma con la muerte.
Restañar los clamores
heridos del recuerdo,
sin más propósito
que el de permanecer
ardiendo, ardiendo.
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01:43
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LOS INFIMOS CREPUSCULOS
A Conchita Rafael Morales
Amo las cosas que gastadas brillan
como si los crepúsculos se hubieran
quedado en ellas para siempre ardiendo.
Los bordes de las sillas afinados
por la devoción clara de los dedos.
Los vasos transparentes de servir
manantiales destantes.
Los pisos sometidos a la sombra.
Los trajes deshilados por el aire.
Amo su fatigada servidumbre
de diamante apagado,
la sumisa pasión de sus silencios.
Amo su alma de otoño que fue alta
y compartió los ojos del milagro.
Su manera de darnos el olvido,
sin llanto ni violencia,
como una sabia cercanía brillando,
como la mano del amor sin nadie.
Amo los libros viejos
manoseados por la luz,
los guijarros que caben en la mano
donde brillan paisajes lejanísimos.
Porque va hacia el adiós su lenta música
se abrazan a la sombra sin gemir,
callando como el fuego olvidado de las lámparas
que quedan solas al llegar el alba.
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Mercedes e Isabel
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01:38
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HACIA OTRA LUZ
El otoño se enciende ante mi puerta
como un manso misterio
invocando cegantes lejanías.
Yo reconozco en él lo que no ha sido.
Es casi una pasión transfigurándose
en la móvil frontera de las cosas.
Es un vencido mar que baja al polvo.
En su dormida voz
se agita el tenso límite
de la piedra y la luz
El otoño nos deja la pureza,
nos salva del dolor por milagro.
Arde su luz en nuestra voz incierta
y vence sin herir, sin corromper,
transmutando los sueños
como un espejo de infinita calma
en donde nos miramos reflejados
en otra eternidad
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Mercedes e Isabel
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01:32
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LAUREANO ALBAN

Procedente de Turrialba, fundó, junto con Jorge Debravo, el Círculo de poetas costarricenses, el cual aún dirige. Estudió Filología y Lingüística en la Universidad de Costa Rica y se doctoró en Nueva York. Ha desempeñado cargos diplomáticos en España, Estados Unidos, Nueva York, Israel y Francia. Ha obtenido diversos premios internacionalmente, tales como el Premio Adonais de Poesía (Madrid, 1979) y el Premio Internacional de Poesía Religiosa (Burgos, 1983). En Costa Rica ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría dos veces (1980 y 1993) y en el año 2006 se le otorgó el Premio Magón, máximo galardón de la cultura costarricense.
Algunos de sus libros más importantes son: Herencia del otoño (1980), Geografía invisible de América (1982), Aunque es de noche (1983), Autorretato y transfiguraciones (1983), El viaje interminable (1983), Biografias del terror (1984), Todas las piedras del muro (1987) y la Enciclopedia de maravillas (1995), las cual se compone de tres tomos con más de mil poemas que describen el mundo desde el punto de vista de la poesía.
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Mercedes e Isabel
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01:29
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14.9.08
DONDE SE DICE DE LOS OJOS DE LA AMADA Y SU EXTRAÑA PROXIMIDAD
Yo no sé qué sucede, amiga mía,con tus ojos:
los tengo siempre cerca,
tan lluviamente próximos
que con ellos tropiezo a cada instante
como el viento tropieza con los pájaros.
No sé si es que los pierdes,
los dejas olvidados,
como olvidas y pierdes tantas cosas al día:
tu inocencia, el futuro,
el sabor de los miércoles...
o es que son, simplemente, derramados y múltiples,
de mirada plural y peregrina.
Los encuentro en mis libros
resumiendo en su azul la mar entera,
en el llanto cansado de los viejos retratos,
en la luz del quinqué, en los estuches
donde guardo tu ausencia,
en todos los espejos,
en todas las estatuas,
en todas las adelfas.
A veces me vigilan desde el techo
con su casta negrura,
o juegan con el gato en las alfombras,
o surgen de repente entre las teclas
de mi olympia portátil
y entonces ya no hay forma de acabar el poema.
Cuando voy por la calle me persiguen
con su verde milagro de arrayanes,
se posan en mi hombro,
saltan a las buhardillas,
o esperan escondidos detrás de las farolas
hasta que los descubro y se diluyen
en un vuelo de risas y pestañas.
Y en la noche, dormido, se me acercan
con su pardo color de miel antigua,
los noto acariciarme, meterse entre mis venas
y navegar mi cuerpo mansamente
en una singladura de párpados y sueños.
Ah, tus ojos tempranos que todo lo amanecen,
tus ojos caminantes que lo bautizan todo
con el agua más clara,
tus ojos unitivos
que atraviesan mi tiempo y lo reducen
a su doble universo,
tus ojos compañeros,
tus ojos: tantos ojos
que jamás me abandonan.
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Mercedes e Isabel
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19:59
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Etiquetas: Antonio Porpetta
LA VIEJA DAMA
Hay una vieja damaque llama suavemente a nuestra puerta
con el leve marfil de sus nudillos.
Conoce bien la casa:
nos saluda
con su hermoso silencio
y deja en el vestíbulo sus guantes,
su sombrero, el cansado paraguas
de las lluvias de otoño.
Luego entra
en la sala, derramando a su paso
una luz somnolienta de quinqués,
un remoto perfume de magnolios.
Se sienta en la penumbra:
siempre ocupa
el callado rincón de la ventana,
y desde allí nos mira
con sus ojos de sándalo,
mientras brota en sus dedos
el mínimo huracán del abanico.
No necesita hablar:
la vieja dama,
con su tenue presencia,
nos descubre un paisaje de hondos universos,
nos hace recorrer caminos muy lejanos,
dibuja en nuestra frente escenas y palabras
aromadas de olvido.
En las horas del llanto
se acerca al clavecín, y canta quedamente
una alegre balada que enamora,
hasta que vuelve el sol a nuestros labios.
¡Qué remansado mar,
qué lluvia generosa
nos da su compañía!
¡Cuánta vida renace
con su silente bruma!
Cuando llega el momento, se despide
con un breve ademán:
quizás vuelva mañana.
La vemos alejarse, rodeada de pájaros,
maternal y serena.
El frágil camafeo
que cuelga de su cuello
guarda la miniatura
de nuestra propia vida.
Porque esa vieja dama es la nostalgia.
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Mercedes e Isabel
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19:52
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Etiquetas: Antonio Porpetta
EL MAR LLEGO CONTIGO
Yo nunca tuve el mar:mi infancia oscura
fue una siesta de cobre en alacenas
donde todo era fuego y jaramago,
donde todo era un rito de orfandades,
de pupilas vacías.
El mar era mi llanto:
gaviotas en mi frente
me hablaban de esa patria, dibujaban
sus azules fronteras,
su extensa libertad, su luz sonora.
Y yo en mi ausencia,
niño triste y cansado,
viendo pasar los días.
Pero llegaste tú,
y el mar llegó contigo.
Traías en tus manos la pulpa de las olas,
brilladora y furtiva, en tu pelo
un rebullir de peces asombrados,
y en tus ojos isleños
como un viento salino que cantara.
Era tu piel de arena, tu cintura
una tierna bahía,
tus pechos desbocados un refugio
de veleros sin sueño,
hasta en tu voz guardabas
un no sé qué de brújulas y espumas.
Y te acercaste a mí:
en tus acantilados
yo vi nacer el sol,
me cobijé en tus playas,
aprendí a navegar entre tus islas,
y me encontré la vida buceando
tus simas luminosas.
Yo nunca tuve el mar:
mi infancia oscura
era un sediento páramo sin nombre.
Pero llegaste tú,
y el mar llegó contigo
para siempre.
as sirenas
Vieron llegar la nave:
como siempre
elevaron sus cánticos pianísimos,
sus murmullos de lluvia y arboleda
que un céfiro brumoso llevaba lentamente
a las sienes morenas de los hombres,
allí, donde se oculta el desconsuelo
y remotos paisajes se atesoran
con el secreto brillo de su azogue...
Vieron pasar la nave:
nadie se conmovió,
nadie se derrumbaba, loco, sobre el agua,
nadie quiso buscar, enajenado,
sus pechos luminosos, sus miradas de jaspe,
sus escamas de fuego y de coral.
(Un hombre entre cadenas,
hermoso como un héroe,
desgarraba con llantos y alaridos
aquel hondo y sereno navegar...)
Vieron como la nave se alejaba
ajena, indiferente,
en calma singladura
hacia islas felices y puertos abundosos,
firme como el destino, libre como el olvido,
desplegadas sus velas al viento y a la sal...
Ausentes, melancólicas,
asoladas de un lívido temor,
dejaron de cantar, envejecieron,
quedaron con los siglos
ignoradas de todos, convertido
en historia dormida su recuerdo.
Y una pobre mañana,
entre un torpe revuelo de peces fugitivos,
diéronse a lo profundo, naufragaron
su pálido esplendor...
Todos los navegantes debieran perdonarlas:
ellas nada querían,
ellas sólo cantaban y cantaban...
Ellas nunca supieron que en sus voces
habitaba la muerte.
Publicado por
Mercedes e Isabel
en
19:47
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LA HERIDA
Si vuestra herida es, sencillamente,una simple lesión de los tejidos
penetrante o contusa,
una ofensa a la piel originada
por violencia exterior,
más o menos extensa o lacerante,
más o menos profunda... la solución es fácil: una cura
con la asepsia debida,
una limpia sutura realizada
por un buen terapeuta,
y sólo os quedará la cicatriz.
O ni siquiera eso: puro olvido.
Mas si la herida oculta su amenaza
en hondos laberintos,
y extiende la espiral de su amargura
por secretas regiones, invadiendo
los huecos intangibles, las calladas
raíces de lo humano,
lenta será la lucha, imposible
su exacta curación.
Habitará en vosotros como un huésped
cercano y duradero,
sangre será de vuestra propia sangre,
testimonio implacable del latido.
Con el tiempo será la compañera
de tristes aventuras:
quizá lleguéis a amarla porque os ame
con su aterida voz, con la certeza
de su tenaz caricia.
Y algún día
despertaréis sin miedo respirando
por ella, y en su imperio
quedará encarcelada vuestra vida.
Aunque os ciegue su llanto, aunque os pese
su carga de dolor.
Porque sólo seréis lo que ella os duela.
Publicado por
Mercedes e Isabel
en
19:30
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ANTONIO PORPETTA. Biografía
Poeta y ensayista español nacido en Elda (Alicante) en 1936. Licenciado en Derecho y Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro Correspondiente de las Academias Norteamericana (Nueva York) y Guatemalteca de la Lengua Española. Su primer libro data de 1978. Desde entonces ha publicado una extensa obra poética, con títulos como: Meditación de los asombros, Ardieron ya los sándalos, Década del insomnio, Los sigilos violados, Territorio del fuego, Adagio mediterráneo, Silva de extravagancias, etc.; y también de ensayo: El mundo sonoro de Gabriel Miró, y Gabriel Miró y el mar, entre otros. Parte de su poesía ha sido traducida, y publicada en formato de libro, a diez idiomas. Ha recibido prestigiosos galardones, entre ellos los premios: "Fastenrath" (de la Real Academia Española), "Gules", "Hilly Mendelsohnn", "José Hierro", y Ciudad de Valencia, de poesía, junto a los de la "Crítica Literaria Valenciana", de ensayo y de poesía. En el plano internacional destacan la "Llave de Oro de la Ciudad de Smederevo (Serbia)"; una Proclama de Honor de la Presidencia del Condado de Manhattan (Teachers College, Columbia University); y en 2005, también en Nueva York, la "Orden de Don Quijote" (Lehman College, CUNY).
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Mercedes e Isabel
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19:27
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