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13.10.09

SONETO A LA PALOMA QUE MATÉ DE NIÑO

Todavía conservo entre las manos
el pequeño temblor de tu agonía,
y tu cuerpo de luz, donde cabía
la forma de los aires provincianos.

Herido ante un aliento de manzanas
cayó tu corazón, y el mediodía
se quebró en tu garganta y en la mía
con dolores opuestos y lejanos.
Dejé tu muerta azul bajo el ciruelo.
El verano cruzaba por el cielo,
jinete de un delgado escalofrío.
La infancia se me fue con el asombro:
por eso, cuando en pájaros te nombro
tu corazón regresa en el mío.

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