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30.6.08

TORRES GEMELAS

Lloré cuando las vi caídas, rendidas.
Fueron una ciudad luminosa para mis ojos.
Ahí levitaron mis párpados y labios.
Ahí apagó la infancia su hambre,
Después la pubescencia cayó en ellas, ciega,
Estrepitosa, con una lluvia de sobresaltos.
Aún ahora dictan destellos a los ojos
Y una encarnación de fuego para el tránsito.
Las veo como un hálito mágico
Y me entrego a ellas desnudo en el aire.
Son tan perfectas que el gozo sube hasta los pinos.
Son tan ardientes que la luna crepita
En las hojas del césped y en la piel iluminada.
Son tan antiguas: tienen la edad del universo;
Y sin embargo, embriagan los sentidos
Con renovadas gaviotas y auroras.
Lloré cuando las vi. Era doliente la ilusión
De atravesar con el aliento el oleaje, todo,
Del mediodía, y del mar abierto de esas aves vivas.

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