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15.1.09

CARTA A SÈVRES



...Ahora que llueve, que irrumpen las voces de la noche, el vientre de
la noche, la inspiración azul. Que todo se derrumba al fondo de sí mismo,
los héroes huyen, el silencio brama, lo cerrado es abierto, la parte el
todo, lo ambiguo ambiguo. Que me pierdo en ciudades que aún no he
sido, azorada de lo que existe sin ninguna razón, sin reclamar un sen-
tido, y es vasto y múltiple y vacío como un poema que le habla a Dios.
Que estas líneas al filo de mi cuerpo consuman por fin lo inexistente y
su alegría, este elusivo interregno que soy, ese jardín ilegible donde la
dama deshonesta escribe en su rincón de sombras. Y todo sucede tan
lento, el temor y la tensión, ese futuro perdido como una pena, el deseo
que hace tanto es una enfermedad, todo ocurre como si lo hubiera traído
un visitante, una parte de mí más grande que yo, la que tiene un sueño
incumplido pero la idea se le escapa, como una promesa. Y está bien
así, todo debe aprender a perder, a volver al reino de lo desconocido
incluso el amor más durable, el que se ignora a sí mismo. Ahora que los
cantos no importan, o importan en la medida en que fracasan (pues la
belleza se revela a solas en aquello que se quiebra), que me he que-
dado sola, sola en la casa ciega, yo, la novia sensual de la penumbra,
y alguien susurra a mi oído el arte de limpiar el jardín...'

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