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28.1.08

POEMA INÉDITO


(Oleo de: Enric Hernaez)

Gracias Salma, por esta aportación de
Angel González.



¡Volver a ver el mundo como nunca había sido….!
En los últimos días del verano,
el tiempo detenido en la gran pausa
que colmaría setiembre con sus frutos,
demorándose en oro
octubre,
y el viento de noviembre que llevaba
la luz atesorada por las hojas
muertas hacia más luz,
arriba,
hacia
la transparencia pálida de un cielo de hielo o de cristal
cuando diciembre
y la luna de enero
hacían palidecer a las estrellas:
altas constelaciones ordenando
la vida de los hombres,
el misterio tan claro,
la esperanza aún más cierta…
Aquella luz que iluminaba todo
lo que en nuestro deseo se encendía
¿no volverá a brillar?

12.1.08

PALABRA MUERTA, PALABRA PERDIDA


Mi memoria conserva apenas solo
el eco vacilante de su alta melodía:
lamento de metal, rumor de alambre,
voz de junco, también
latido, vena.
Recuerdo claramente su erre temblorosa,
su estremecida erre suspendida
sobre un abismo de silencio y ámbar,
desprendiéndose casi
de la música oscura que por detrás la asía,
defendiéndose apenas
del cálido misterio que la alzaba en el aire
creando un solo cuerpo de luz y de belleza.
Luminosa y precisa,
yo la sentía en mi ser profundamente,
sabía su sentido,
descifraba sin llanto su mensaje,
porque acaso ella fuese
-o sin acaso: cierto-
la única palabra irrefrenable
que mi sangre entendía y pronunciaba:
una palabra para estar seguro,
talismán infalible
significando aquello que nombraba.
Como un perfume que lo explica todo,
como una luz inesperada,
su presencia de viento y melodía
hería los sentidos, golpeaba
el corazón,
estremecía la carne
con el presentimiento verdadero
de la honda realidad que descubría.
Pronunciarla despacio equivalía
a ver, a amar, a acariciar un cuerpo,
a oler el mar, a oír la primavera,
a morder una fruta de piel dulce.
Todo ocurría así, hasta que un día
la dije bien, y no entendí su cántico.
La grité clara, la repetí dura,
y esperé ávidamente,
y percibí, lejano,
un eco inexplicable, infiel
reflejo
que en vez de iluminar, oscurecía,
que en vez de revelar, cubrió de tierra
la imprecisa nostalgia de su antiguo mensaje.
Cuando un nombre no nombra, y se vacía,
desvanece también, destruye, mata
la realidad que intenta su designio.

MUERTE EN EL OLVIDO (Video)

MENSAJE A LAS ESTATUAS


Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no cenizas,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.

PRIMERA EVOCACIÓN



PRIMERA EVOCACIÓN (1956)
Recuerdo bien a mi madre.Tenía miedo del viento.
Era pequeñade estatura, la asustaban los truenos, y las guerras
siempre estaba temiéndolas de lejos,
desde antes, de la última ruptura del tratado suscrito
por todos los ministros de asuntos exteriores.
Recuerdo que yo no comprendía.
El viento se llevaba silbando las hojas de los árboles,
y era como un alegre barrendero que dejaba las niñas,despeinadas y enteras, con las piernas desnudas e inocentes.
Por otra parte, el trueno, tronaba demasiado, era imposible soportar sin horror esa estridencia, aunque jamás ocurría nada luego;la lluvia se encargaba de borrar el dibujo violento del relámpagoy el arco iris poníaun bucólico fin a tanto estrépito.Llegó también la guerra un mal verano. Llegó después la paz, tras un invierno todavía peor. Esa vez, sin embargo, no devolvió lo arrebata do el viento,
ni la lluvia pudo borrar las huellas de la sangre.
Perdido para siempre lo perdido, atrás quedó definitivamentemuerto lo que fue muerto.
Por eso ( y por más cosas) recuerdo muchas veces a mi madre:
cuando el viento se adueña de las calles de la noche, y golpea las puertas, y huye, y deja un rastro de cristales y de ramas rotas, que al alba la ciudad muestra desolada y lívida;
cuando el rayo hiende el aire, y crepita,y cae en tierra,
trazando surcos de carbón y fuego,
erizando los lomos de los gatos
y trastocando el norte de las brújulas;
y, sobre todo, cuando la guerra ha comenzado,
lejos -nos dicen- y pequeña-no hay por qué preocuparse-,
cubriendo de cadáveres mínimos distantes territorios,
de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños...

ANGEL GONZÁLEZ (Biografia)


Ángel González Muñiz nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925. El poeta enfermó de tuberculosis en 1943 y durante el período de convalecencia se aficiona a la lectura de poesía y comienza a escribir poemas. Más tarde estudia derecho por su cuenta en la Universidad de Oviedo, licenciándose en 1949. Trabaja para La Voz de Asturias como redactor y en 1950 empieza a estudiar periodismo en Madrid. En 1953 se produce un reencuentro con Carlos Bousoño, quien le presenta a Vicente Aleixandre. Ambos amigos le animan a publicar sus poemas. La mala situación económica del poeta le lleva a la decisión de preparar oposiciones para el Ministerio de Obras Públicas. Dos años más tarde se traslada a Barcelona donde trabaja como corrector de estilo. Allí entabla amistad con Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo, y un año después conoce a Juan García Hortelano, Gabriel Celaya, Caballero Bonald y algunos poetas más. En los años posteriores estudiará Poesía Inglesa del Siglo XX en Londres, becado por el Ministerio de Educación. Contacta con el Partido Comunista del que se acabará alejando, y participará en Collioure en actos conmemorativos por el aniversario de la muerte de Antonio Machado. A partir de 1961 publica con regularidad sus libros de poemas y en 1968 su poesía completa con el título de Palabra sobre palabra, reeditada y aumentada en varias ocasiones. Desde 1972 trabaja como profesor visitante en la Universidad de Nuevo México. En 1979 conoce a su futura esposa, Susana Rivera, con la que se casará en 1993, año en el que se jubilará de su actividad docente. En 1996 es nombrado miembro de la RAE y se le otorga el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana. Su último libro hasta la fecha es Otoños y otras luces (2001). La revista Litoral, un año después, le dedica un monográfico bajo el título de Tiempo inseguro.