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20.1.10

JOSE ANTONIO MUÑOZ ROJAS. Biografía

Poeta y prosista español nacido en Antequera, Málaga, en 1909.
Estudió Derecho en la Universidad de Madrid. En 1936, decidió irse a Cambridge como lector de español. Allí coincidió con Unamuno, Cernuda y Leopoldo Panero; ahondó en la lírica inglesa y tradujo a John Donne, William Wordsworth, Gerald Manley Hopkins, Francis Thompson y Stearns Eliot. En 1939, regresó a España, alternando entre la ciudad y el campo, y compaginando su vocación literaria con su trabajo en la banca.
Su trayectoria literaria se inicia en 1929 con el libro de poemas Versos de retorno, seguido por diversas publicaciones en verso y prosa, tales como: Soneto de amor por un autor indiferente en 1942, Abril del alma en 1943, Las cosas del campo en 1953,
Cantos a Rosa en 1955, Lugares del corazón en 1962, Salmo en 1970, Ardiente jinete en 1984, Rayo sin llama en 1994, Objetos perdidos en 1997, Entre otros olvidos en 2001 y Yo sólo sé nombrarte en 2002.
En 1998 obtuvo el "Premio Nacional de Poesía" por su libro Objetos perdidos y en el año 2002 el "Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana" por el conjunto de su obra.
Además fue nombrado "Hijo Predilecto de Andalucía" en 1998, recibió la "Medalla de Oro de Antequera" y la "Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.

ME DICEN QUE OS DIGA

Soy un poeta que tiene
la voz temblorosa, y no sabe
qué clase de luz se le viene a las manos,
y cómo disponerla, y decirles
a los demás la clase de luz
que se le viene de pronto, sin saberlo,
a las manos.
No sabría deciros, si alguien
no estuviera por dentro diciendo:
"Dí ahora: La luz tenía esta forma,
y una vez comenzado sigue siempre".
No sé muy bien qué luz sea esta;
no sabría deciros de la voz.
Soy un poeta a quien se le dice.
Escucho. Os hablo. Acaso me entendáis.
De esto que digo apenas sé la forma.
Siento una resonancia, pego el oído.
Se viene la palabra como un agua.
"Diles esto. No digas otra cosa".
No es triste ni alegre. No es triste
ni alegre un poco de ceniza.
Es un poco de ceniza. Si lo vemos,
decimos: Es sólo un poco de ceniza.
Claro que no digo lo que tengo pensado,
porque tampoco lo sé muy bien. Me dicen
que os diga. Nunca dicen:
"Diles algo que entiendan". Simplemente:
"Diles", y a veces solamente
es como un poco de ceniza.

LA MADRE

La madre soñaba oscuramente:
Será rubio, tendrá estos ojos mismos,
le amarán las muchachas. Una tarde,
de pronto, llorará junto a una rosa.

Le crecerá la angustia sin saberlo.
y cada nuevo umbral será una herida.
Temblará al traspasarlos, hijo mío.
Acaso una paloma, acaso nada.

El viento por la frente; las caídas
hojas que se acumulan; los rumores
del corazón callados: nadie sabe
las formas repentinas de la dicha.

Yo lo siento aquí hondo, en mis entrañas,
el río de tu vida, que me deja
una nostalgia antigua, una dulzura
vieja en mi corazón, como la sangre.

Me hace toda ribera, toda muro
donde pasan las aguas de tus años.
Vuelvo otra vez a ser niña que juega,
corriendo como niña entre las rosas.

¡Oh sueño en mis entrañas! ¡Oh alto río,
resonando de siempre en mis entrañas!

LAS PALABRAS

¿DE dónde vosotras? Me cogéis de la mano cuando menos lo espero con vuestra mano ingrávida y a perderse se ha dicho. Así una y otra vez cuando más se clava la espina en el corazón, cuando todo se torna rambla seca, pedregal implacable, pie llagado, vosotras, ¿cómo os llamaré? Palabras, oficio de corazón tenéis, mansas al deseo como un animal que se entrega, vosotras consoladoras supremas, huéspedes del alivio. Tendido como un manto el dolor en el mundo, perezoso como un río sin corriente, erguida la desesperación y sorda la delicia, perdido el paso y la voz sin quejido, de pronto, vosotras, cómo llamaros, palabras sois, aguas sois y todo y más, sosiego y alivio sois, encendimiento sois. Y todo y más. Si digo hermosura del mundo sé que no hago más que entreabrir el postigo a su temblor, y en la carrera abierta al gozo, apenas cubro la primera jornada. Lo que queda es el polvillo de la creación, cuando el espíritu flotaba sobre las aguas y ya estaban escritas las líneas misteriosas, que luego serían palabras, músicas y colores que harían por siempre la vida y la palpitación de cuanto existe.

QUIERO CONTARTE COSAS QUE ME PASAN

Quiero contarte cosas que me pasan.
Cuando digo me pasan tiemblo, Rosa,
porque «me pasan» dice muchas cosas.
Esto de las palabras, Rosa, siempre
induce a confusión. Hablo, tropiezo,
caigo, me repongo, vuelvo a caer.
Hablar, Rosa, es darse trompicones
de palabra en palabra. La lengua dice
cosas que no quisiera, a tientas anda.
¿No ves, Rosa, que hablando, como hablo,
caigo en lo mismo y a lo mismo vuelvo?
Cosas que pasan. Te diré que anoche
ardieron los rastrojos, una hermosura
de fuego que en festones se corría
de gozo, dando saltos, crepitando,
la llama daba brincos, le ponía
un rostro diferente a los contornos,
sorprendida la noche en sus silencios
por la herida que abría en sus costados
la navaja de las llamas alegres.
Era una fiesta de purificación.

ETEREIDAD

Y se queda uno con la esperanza,
colgando de su delgado hilo
de tantas cosas colgando,
de tantas esperanzas deshaciéndose,
con tanto temor oculto,
con tantos olvidos como caben
en un instante, tantos olvidos
vividos y padecidos,
como para llenar una estrella.
Y esa mujer que llegó hoy con su misterio,
con su etereidad, que lo hace posible,
que la define y la sostiene
y ha dejado la casa
llena de su misterio.