(Namur, 1899 - París, 1984) Escritor francés de origen belga. Fue una de las personalidades más relevantes de la literatura moderna. En 1922, bajo la influencia de la literatura de Lautréamont, empezó a escribir y a publicar en Bélgica. En 1924 se estableció en París y, en pleno clima surrealista, se sintió más atraído por la pintura (Ernst, Dalí, De Chirico, y luego Klee) que por la literatura; sus obras de este período, sin embargo, todavía discurren paralelamente a las experiencias de Breton; incluso, según algunos, el verdadero surrealista es él. Más tarde, se acercó cada vez más a Rimbaud, Kafka, y a los existencialistas.
Descubierto por Paulhan, publicó en 1927 Qui je fus, narraciones, aforismos, poesías, donde ya aparecían algunas constantes de su obra (los temas de la angustia y la fuga) y el lenguaje "inventado" que constituyó su originalidad más visible. Más adelante publicó Ecuador (Ecuador, 1929), diario de viaje y diario íntimo; Un bárbaro en Asia (Un barbare en Asie, 1933), narración de su viaje a la India y a China, quizá su libro más ameno y objetivo; y Mes propiétés (1929), Un certain Plume (1930), La nuit remue (1935), Plume précedé de Lointain intérieur (1938), todas ellas, obras formadas por textos breves y variados, poesías y prosas poéticas.
Después inició un ciclo de relatos de sus viajes por países imaginarios: Voyage en Grande Garabagne (1936), Au pays de la magie (1941) y Ici, Poddéma (1946), reunidos más tarde en Ailleurs (1948). Entre 1938 y 1939 dirigió la redacción parisina de la revista Hermès. Mientras, Gide le dedicó el opúsculo Découvrons Henri Michaux (1941), que centró en él la atención del público; pero durante el período de la guerra y de la ocupación, el artista se vio obligado a soportar un largo aislamiento, lleno de actividad: Je vous écris d'un pays lontain (1942), Adversidades, exoscismos (Épreuves, Exorcismes, 1945) y La vie dans les plis (1948).
1.5.09
HE NACIDO AGUJEREADO
Sopla un viento tremendo,
No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo.
Pueblecito de Quito, tú no eres para mí.
Yo necesito odio, y envidia; ésta es mi salud.
Es una gran ciudad la que necesito.
Un gran consumo de envidia.
No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo,
En el agujero hay odio (siempre), espanto también e impotencia.
Hay impotencia y el viento está cargado de ella;
fuerte como los torbellinos,
rompería una aguja de acero,
y no es más que un viento sin embargo, un vacío.
¡Caiga la maldición sobre toda la tierra, sobre toda la civilización,
sobre todos los seres en la superficie de todos los planetas, a causa de este vacío!
Un señor crítico ha dicho que yo no alimentaba odio.
Este vacío, he ahí mi respuesta.
¡Qué mal se está, ay, en mi pellejo!
Siento la necesidad de llorar sobre el pan de lujo de la dominación y del amor,
sobre el pan de gloria que está afuera.
Siento la necesidad de mirar por el cuadro de la ventana,
que está vacío como yo, que no se alimenta de nada,
Dije llorar; no, es un barreno a frío, que barrena,
barrena incansablemente,
como sobre una viga de haya en la que 200 generaciones de gusanos se hubiesen
legado esta herencia; "barrena, barrena..."
Esto ocurre a la izquierda, no digo que sea el corazón,
Digo agujero, y no digo más, es rabia y contra ella no puedo,
Tengo siete u ocho sentidos. Uno de ellos: el sentido de lo que falta.
Lo toco y lo palpo como se palpa una madera,
una madera que sería más bien una gran selva de esas que ya no se ven en Europa
desde hace mucho.
Y esto es mi vida, mi vida en medio del vacío.
Si este vacío desaparece, yo me busco, enloquezco y eso es todavía peor.
Yo me he construido sobre una columna ausente.
¿Qué habría dicho el Cristo si hubiese estado hecho de este modo?
Hay algunas de estas enfermedades que, si se las cura, no le dejan nada al hombre.
Muere pronto, era demasiado tarde.
¿Puede acaso una mujer contentarse solamente con odio?
Si es así, amadme, amadme mucho y no dejéis de decírmelo,
y que alguna de vosotras me escriba.
¿Pero qué significa este ínfimo ser?
Casi no lo había advertido,
SOY GONG
En el canto de mi cólera hay un huevo,
Y en ese huevo está mi padre, mi madre, mis hijos
Y en todo eso hay alegrías y tristezas mezcladas, y vida
Intensas tormentas me han socorrido,
Hermoso sol que me contrariaste
Hay odio en mí, fuente de antigua data,
Y ya decidiremos después sobre la belleza.
En efecto, no me volví duro sino por láminas
Si supieran cuan blando he quedado en el fondo;
Soy gong, y guata y canto nevado,
Lo digo y estoy seguro
Y en ese huevo está mi padre, mi madre, mis hijos
Y en todo eso hay alegrías y tristezas mezcladas, y vida
Intensas tormentas me han socorrido,
Hermoso sol que me contrariaste
Hay odio en mí, fuente de antigua data,
Y ya decidiremos después sobre la belleza.
En efecto, no me volví duro sino por láminas
Si supieran cuan blando he quedado en el fondo;
Soy gong, y guata y canto nevado,
Lo digo y estoy seguro
NOSOTROS
Recto para nosotros
En nuestra vida, nada se consumó hasta el fondo
Hasta el fondo como para nosotros
Pero tomar el vacío entre mis manos
Cazar la liebre, cazar al oso
Golpear valientemente al oso
Ser despojado de todo, haciendo transpirar nuestro propio corazón
Arrojado al desierto, obligado a reunir su ganado,
un hueso por aquí, un diente por allá, a lo lejos un cuerno
Eso es para nosotros
Y decir que las siete vacas gordas nacen en este momento
Nacen, pero nosotros no las ordeñaremos
Los cuatro caballos alados acaban de nacer
Han nacido, sólo sueñan con volar
Nos da pena retenerlos. Llegarán casi hasta las estrellas esos animales
Pero no nos transportarán a nosotros
Para nosotros los caminos de topo, de alacrán
Además, hemos llegado a las puertas de la Ciudad,
De la ciudad-importante
Estamos ahí, no hay duda. Es ella. Es ella de verdad.
Todo lo que sufrimos para llegar… y para partir
Desatarse con lentitud, fraudulentamente, los brazos en la espalda…
Pero no somos nosotros los que entraremos
Son jóvenes qué-me-miras todos verdes, muy altivos quienes entrarán
Pero nosotros no entraremos
Tampoco iremos más allá. ¡Stop! No más allá
Entrar, cantar, triunfar, no, no, no es para nosotros.
¿NÁUSEA O ACASO ES LA MUERTE QUE LLEGA?
Ríndete, corazón mío.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.
¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.
Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.
¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.
Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.
14.3.09
FALLECE: BLANCA VARELA
Noticia triste la que nos encuentra hoy al despertar: ha fallecido Blanca Varela una de las voces más reconocidas de las letras hispanoamericanas. Contaba para el momento de su muerte con 82 años y se encontraba en su patria natal, Perú. No se han dado detalles de su muerte pero se sabía desde hace algunos años que una enfermedad la mantenía imposibilitada de escribir e, incluso, de comunicarse.
Blanca Varela fue un caso de excepcionaliad poética y de una gran humildad ya que como se ha dicho en repetidas oportunidades fue una escritora que nunca buscó premios ni preseas y éstos vinieron por la luz poética y vital de sus versos que recibieron, entre otros, el Premio Octavio Paz de poesía y ensayo (2001), el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2006) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el 2007.
Desde que entró en 1943 a la Facultad de Letras de la Universidad de Lima comenzó para Varela una carrera vital y literaria que la acercaría a los grandes personajes intelectuales del siglo XX. En Paris conocería a Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Alberto Giacometti, Leger, Henry Michaux, entre otros. Octavio Paz sería uno de los escritores latinoamericanos con los que también trabaría conocimiento en aquella época y que la apoyaría en la proyección de su obra.
En 1959 publica su primer libro, Ese puerto existe y en 1963 aparecería Luz de día. Luego seguirían ‘Valses y otras falsas confesiones’, ‘Ejercicios materiales’, ‘El libro de barro’ y ‘Concierto animal’. Su primera recopilación poética sería Canto Villano en 1978 y unos años después aparecería ‘Como Dios en la nada’, una recopilación de su poesía entre 1949 y 1988. Posterior a esa fecha aparecieron: ‘Donde todo termina’, ‘Abre las alas’, ‘El falso teclado’, ‘Sarita la bonita, ‘La locura en tres días’ y ‘Carlita’.
No quiero terminar esta triste noticia sin una muestra de la poesía de la poeta cuya voz se ha apagado para siempre hoy pero cuyos versos seguirán iluminando un camino por el que transitarán muchos de nuestros escritores y lectores. Una escritura luminosa y profunda en su levedad. Paz, Blanca. Amén.
Queden los versos de su poema ASÍ SEA:
El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.
No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.
Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.
Juliana Boersner
13.2.09
AURELIO ARTURO MARTÍNEZ
Aurelio Arturo Martínez (La Unión, 22 de febrero de 1906 - Bogotá, 24 de noviembre de 1974) fue un poeta colombiano hijo de Heriberto Arturo Belalcázar y de Raquel Martínez Caycedo. Después de esporádicas apariciones en El Tiempo, en los cuadernos de Cántico y en la Revista de La Nacho, que dio a conocer su poema fundamental, Morada al Sur, en 1945, entregó en 1963 el libro de su vida con este mismo título y que fue, por cierto, el único que vieron publicado sus ojos. (Con Morada al Sur comenzó Pedro Gómez Valderrama, Ministro de Educación de la época, una colección inédita de poesía contemporánea colombiana. Morada al Sur obtuvo inmediatamente el premio nacional de poesía "Guillermo Valencia", otorgado por la Academia Colombiana de la Lengua.Arturo, como abogado, se desempeñó en cargos judiciales y llegó a ser magistrado de los tribunales superiores Militar y del Trabajo. En este ramo ocupó la Secretaría General del Ministerio. Fue, así mismo, funcionario cultural de Colombia y de la Embajada de los Estados Unidos y catedrático universitario de humanidades y antropología. Fundó y dirigió la radio-revista literaria Voces del Mundo, donde estimuló generosamente a los jóvenes. Viajó a Estados Unidos y tradujo poesía especialmente de contemporáneos de habla inglesa.
Sobre Arturo se ha publicado: en 1989, Cuatro ensayos sobre la poesía de Arturo por William Ospina, Luis Darío Bernal, Lynn arbeláez, Marco Fidel Chaves y Roberto Perry. En 1991 apareció La poética de Aurelio Arturo; el festín de la palabra y de la vida por Ramiro Pabón Díaz y en 1997 El rumor de la otra orilla por Julio César Goyes Narváez.
Murió en Bogotá, el 24 de noviembre de 1974, meses después de haber recibido el doctorado Honoris causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Nariño
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Aurelio Arturo Martínez
CLIMA

lo ágil en todo, son el canto.
Palmas había, palmas y las brisas
y una luz como espadas por el ámbito.
El viento fiel que mece mi poema,
el viento fiel que la canción impele,
hojas meció, nubes meció, contento
de mecer nubes blancas y hojas verdes.
Yo soy la voz que al viento dio canciones
puras en el oeste de mis nubes;
mi corazón en toda palma, roto
dátil, unió los horizontes múltiples.
Y en mi país apacentando nubes,
puse en el sur mi corazón, y al norte,
cual dos aves rapaces, persiguieron
mis ojos, el rebaño de horizontes.
La vida es bella, dura mano, dedos
tímidos al formar el frágil vaso
de tu canción, lo colmes de tu gozo
o de escondidas mieles de tu llanto.
Este verde poema, hoja por hoja
lo mece un viento fértil, un esbelto
viento que amó del sur hierbas y cielos,
este poema es el país del viento.
Bajo un cielo de espadas, tierra oscura,
árboles verdes, verde algarabía
de las hojas menudas y el moroso
viento mueve las hojas y los días.
Dance el viento y las verdes lontananzas
me llamen con recónditos rumores:
dócil mujer, de miel henchido el seno,
amó bajo las palmas mis canciones.Este verde poema, hoja por hoja,
lo mece un viento fértil, suroeste;
este poema es un país que sueña,
nube de luz y brisa de hojas verdes.
Tumbos del agua, piedras, nubes, hojas
y un sop
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Aurelio Arturo Martínez
CANCIÓN DEL NIÑO QUE SOÑABA

Ésta es la canción del niño que soñaba
caminando por el salón penumbroso
de brisa lenta que estremecía sus pequeñas alas,
y oía, afuera, entre los árboles las arpas de la noche,
y voces ¿por qué tantas voces en el silencio?
Y cuando ya en el lecho su estrella descendía
y se quedaba temblando en un rincón como un sollozo,
el niño salía por la ventana como un pajarillo
pero su cuerpo muerto se estremecía en el sueño.
Y subía a las montañas y a la nieve lunar de las montañas.
Veía landas sin luna, desiertos acuáticos
y por fin hacia el final de las sombras,
una ciudad desierta, iluminada
y como en un relato de magnificencia y catástrofes,
por las calles un solemne cortejo: un asno
paso a paso y sobre su lomo entrañas humanas,
entrañas: gruesos rubíes y topacios.
Y termina la canción porque el gallo canta
y el sueño despierta el pequeño cadáver,
y llega el alba sobre sus yeguas blancas.
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Aurelio Arturo Martínez
CANCIÓN DEL AYER

Un largo, un oscuro salón rumoroso
cuyos confines parecían perderse en otra edad balsámica.
Recuerdo como tres antorchas áureas nuestras cabezas
inclinadas
sobre aquel libro viejo que rumoraba profundamente en
la noche.
Y la noche golpeaba con leves nudillos en la puerta de
roble.
Y en los rincones tantas imágenes bellas, tanto camino
soleado, bajo una leve capa de sombra luciente como
terciopelo.
La voz de Saúl me era una barca melodiosa.
Pero yo prefería el silencio, el silencio de rosas y plumas,
de Vicente, el menor, que era como un ángel
que hubiese escondido su par de alas en un profundo
armario.
Mas, ¿quién era esa alta, trémula mujer en el salón
profundo?
¿Quién la bella criatura en nuestros sueños profusos?
¿Quizá la esbelta beldad por quien cantaba nuestra sangre?
¿O así, tan joven, de luz y silencio, nuestra madre?
O acaso, acaso esa mujer era la misma música,
la desnuda música avanzando desde el piano,
avanzando por el largo, por el oscuro salón como en un
sueño.
(A ti lejano Esteban, que bebiste mi vino,
te lo quiero contar, te lo cuento en humanas, míseras
palabras:
Cuando estás en la sombra. Cuando tus sueños bajan
de una estrella a otra hasta tu lecho,
y entre tus propios sueños eres humo de incienso,
quizá entonces comprendas, quizá sientas,
por qué en mi voz y en mi palabra hay niebla).
Un largo, un oscuro salón, tal vez la infancia.
Leíamos los tres y escuchábamos el rumor de la vida,
en la noche tibia, destrenzada, en la noche
con brisas del bosque. Y el grande, oscuro piano,
llenaba de ángeles de música toda la vieja casa.
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Aurelio Arturo Martínez
CANCIÓN DE LA NOCHE CALLADA

En la noche balsámica, en la noche,
cuando suben las hojas hasta ser las estrellas,
oigo crecer las mujeres en la penumbra malva
y caer de sus párpados la sombra gota a gota.
Oigo engrosar sus brazos en las hondas penumbras
y podría oír el quebrarse de una espiga en el campo.
Una palabra canta en mi corazón, susurrante
hoja verde sin fin cayendo. En la noche balsámica,
cuando la sombra es el crecer desmesurado de los árboles,
me besa un largo sueño de viajes prodigiosos
y hay en mi corazón una gran luz de sol y maravilla.
En medio de una noche con rumor de floresta
como el ruido levísimo del caer de una estrella,
yo desperté en un sueño de espigas de oro trémulo
junto del cuerpo núbil de una mujer morena
y dulce, como a la orilla de un valle dormido.
Y en la noche de hojas y estrellas murmurantes
yo amé un país y es de su limo oscuro
parva porción el corazón acerbo;
yo amé un país que me es una doncella,
un rumor hondo, un fluir sin fin, un árbol suave.
Yo amé un país y de él traje una estrella
que me es herida en el costado, y traje
un grito de mujer entre mi carne.
En la noche balsámica, noche joven y suave,
cuando las altas hojas ya son de luz, eternas...
Mas si tu cuerpo es tierra donde la sombra crece,
si ya en tus ojos caen sin fin estrellas grandes,
¿qué encontraré en los valles que rizan alas breves?,
¿qué lumbre buscaré sin días y sin noches?
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CANCIÓN DE LA DISTANCIA

Mirarás un país turbio entre mis ojos,
mirarás mis pobres manos rudas,
mirarás la sangre oscura de mis labios:
todo es en mí una desnudez tuya.
Venía por arbolados la voz dulce
como acercando un bosque húmedo y fresco,
y una estrella caía duramente,
fija, la antigua cicatriz de un beso.
De arena parecían los cielos, y volvía
poseso del rumor que cual dos alas
me ciñó en una ronda inacabable,
me ciñó al fin la flor de tu palabra.
¿Qué rojea en la noche sino el puro
labio tuyo? y corazón, estrella y sueño,
mueve un solo vaivén que lejos fluye,
turbio como distancia y como ruego.
Tu desnudez verás en mis ojos absortos,
mirarás mi horizonte que roe una fogata,
tú, que no serás nunca sino masa de llamas,
en mi honda noche de árboles, callada.
Desnudo en mi fervor y tú en tu sangre,
es más que seda suave este silencio,
en esta noche ancha en que germina
todo y palpita todo, aromas y luceros.
Volver cuando anoche en canto y frondas
y rumia el viento que lo aleja todo:
ya no veré sino una palma muda
y el cielo, un áureo torbellino, en torno.
Volver, los cielos parecían de arena,
ha mucho, hace un instante, ha mucho tiempo;
y nadie ha de quitarme esta noche en que fuiste
larga y desnuda carne vestida de mi aliento.
Volver la senda turbia oyendo al viento
rumiar lejos, muy lejos, de los días.
Por mi canción conocerás mi valle,
su hondura en mi sollozo has de medirla.
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Aurelio Arturo Martínez
22.1.09
JOSE MARIA EGUREN

Escritor peruano. Pese a que nació un año antes que su compatriota José Santos Chocano, Eguren pertenece a la fase postmodernista del Perú y posiblemente la primera expresión lírica con rasgos contemporáneos que apareció en el país. Lo distingue un vocabulario delicado, una visión etérea elaborada con imágenes remotas y sugerencias nórdicas, y una estética depurada de toda ornamentación recargada propia del simbolismo. En realidad representa una de las muchas variantes innovadoras que siguió el posmodernismo hispanoamericano a partir de la primera década del siglo XX. Eguren era un solitario, un hombre que vivió y creó en la mayor discreción, al margen de grupos y capillas, casi en un estado de ascetismo artístico. Desde su casa en el balneario de Barranco, al sur de Lima, hacía continuas exploraciones para observar la naturaleza, pintar acuarelas y tomar fotografías. Su obra es relativamente exigua y se contiene esencialmente en Simbólicas (1911) y La canción de las figuras (1916). En la edición de su Poesía completa (1961), Estuardo Núñez agregó Sombra y Rondinelas. Sus ensayos sobre arte y naturaleza se recogieron en el volumen Motivos estéticos (1959). La suya es una poesía casi sin antecedentes en el Perú, pero con muchos seguidores y admiradores, fascinados por la rareza de su imaginación y el sesgo aéreo de sus meditaciones sobre las profundas cuestiones de siempre.
NOCTURNO

De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálido sombra.
Los insectos que pasan la bruma
se mecen y flotan,
y en su largo mareo golpean
las húmedas hojas.
Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.
En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.
Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.
En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
y muy grave su dulce, risueño
semblante se torna.
Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.
Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.
EL BOTE VIEJO

Bajo brillante niebla,
de saladas actinias cubierto,
Amaneció en la playa,
Un bote viejo.
Con arena, se mira
La banda de sus bateleros,
Y en la quilla verdosos
Calafateos.
Bote triste, yacente,
Por los moluscos horadado;
Ha venido de ignotos
Muelles amargos.
Apareció en la bruma
Y en la armonía de la aurora;
Trajo de los rompientes
Doradas conchas.
A sus bancos remeros,
A sus amarillentas sogas,
Viene los cormoranes
Y las gaviotas.
Los pintorescos niños,
Cuando dormita la marea
Lo llenan de cordajes
Y de banderas.
Los novios, e la tarde,
En su alta quilla se recuestan;
Y a los vientos marinos,
De amor se besan.
Mas el bote ruinoso
De las arenas del estuario,
Ansía los distantes
Muelles dorados.
Y en la profunda noche,
En fino tumbo abrillantado,
Partió el bote muriente
A los botes lejanos.
LA PENSATIVA

En los jardines otoñales,
bajo palmeras virginales,
miré pasar muda y esquiva
la Pensativa.
La vi en azul de la mañana,
Con su mirada tan lejana;
Que en el misterio se perdía
De la borrosa celestía.
La vi en rosados barandales
Donde lucía sus briales;
Y su faz bella vespertina
Era un pesar en la neblina...
Luego marchaba silenciosa
A la penumbra candorosa;
Y un triste orgullo la encendía,
¿Qué pensaría?
¡Oh su semblante nacarado
Con la inocencia y el pecado!
¡oh, sus miradas peregrinas
de las llanuras mortecinas!
Era beldad hechizadora;
Era el dolor que nunca llora;
¿Sin la virtud y la ironía
Qué sentiría?
En la serena madrugada,
La vi volver apesarada,
Rumbo al poniente, muda, esquiva
¡La Pensativa!
LA NIÑA DE LA LÁMPAR AZUL

En el pasadizo nebuloso
Calcula mágico sueño de Estambul,
Su perfil presenta destelloso
La niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
Y su llama seductora brilla,
Tiembla en su cabello la garúa
De la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa
el fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
Con cálidos ojos de dulzura
Y besos de amor matutino,
Me ofrece la bella criatura
Un mágico y celeste camino.
De encantación en un derroche,
Hiende leda, vaporoso tul;
Y me guía a través de la noche
La niña de la lámpara azul.
MARCHA FUNEBRE DE UNA MARIONNETTE
Suena trompa del infante con aguda melodía...La farándula ha llegado a la reina Fantasía;
Y en las luces otoñales se levanta plañidera
La carroza plañidera.
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos
Y con sus caparazones los acéfalos caballos;
Van azul melancolía
La muñeca. ¡No hagáis ruido!;
Se diría, se diría
Que la pobre se ha dormido.
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones
Y los siguen arlequines con estrechos pantalones.
Ya monótona en litera
Va la reina de madera;
Y Paquita siente anhelo de reír y de bailar,
Flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza;
Suena el pífano campestre con los aires de la danza.
¡Pobre, pobre marionnette que la van a sepultar!
Con silente poesía
Va un grotesco Rey de Hungría
Y los siguen los alanos;
Así toda la jauría
Con los viejos cortesanos.
Y en tristor a la distancia
Vuelan goces de la infancia,
Los amores incipientes, los que nunca han de durar.
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar!
Melancólico el zorcico se prolonga en la mañana,
La penumbra se difunde por el monte y la llanura,
Marionnette deliciosa va a llegar a la temprana sepultura.
En la trocha aúlla el lobo
Cuando gime el melodioso paro bobo.
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía
Y la dicha tempranera a la tumba llega ahora
Con funesta poesía
Y Paquita danza y llora.
17.1.09
NUESTRO PRIMER ANIVERSARIO
Hace un año comenzamos con nuestro primer blog, nuestro entusiasmo hizo crecer más las ilusiones y hoy tenemos unos cuantos más dedicados a lo que nos gusta “La Literatura”.
Así pues queremos invitarles a que sigan visitándolos y que sigan participando con sus comentarios y sugerencias, que son, de verdad, muy estimulantes y desde luego bienvenidos para continuar .
Gracias a todos
DORIS MOROMISATO
Doris Moromisato Miasato (1962) nació en Chambala, zona agrícola de Lima. Es graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios Morada donde la luna perdió su palidez (1988), Chambala era un camino (1999) y Diario de la mujer es ponja (2004), así como el libro de crónicas Okinawa. Un siglo en el Perú (2006). Es ecologista, feminista y budista. En el 2006 la Prefectura de Okinawa la nombró Embajadora de Buena Voluntad. Actualmente es columnista de Discover Nikkei Website, y desde el 2005 tiene a su cargo la organización de las ferias de libros como Directora Cultural de la Cámara Peruana del Libro.
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