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8.2.08

MUJER SIN NOMBRE




Porque no se sonrojen tus mejillas
voy a hurtarle a estos versos tu nombre:
Tu historia es una página
escrita en una línea de puntos suspensivos,
un pentagrama, tan sólo un pentagrama
impreso de silencios
para que no se turben el órgano y el arpa.
Tú vas contracorriente de los días
por caminos sin árboles de gloria,
por veredas huidizas de lisonjas,
sumida en esa sombra que amalgama
los flujos de absoluta lozanía.
He aprendido de tus labios
que no vale comerciar una sonrisa
cautiva de dobleces,
que no sirve adulterar una palabra
de embustero agasajo,
he visto la alegría que desborda
el pantano de tus ojos,
he sentido la energía que transmite
tu grácil silueta, la entereza
que pregona tu cautela.
y he palpado, eso sí, con cuánta envidia,
la escondida libertad con que disfrutas
tu exilio voluntario.
Eres, mujer sin nombre,
la antítesis auténtica del triunfo
labrado con cinceles de codicia,
metáfora sencilla que sugiere
que ser nada es simplemente
la antesala del triunfo postrimero.
Eres, mujer sin nombre,
el concepto de una vida
que se va a estrenar a cada instante

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