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8.2.08

HE VISTO A UNA MUJER ESCRITA EN UN PÁRRAFO






He visto una mujer escrita en párrafos
de futuro imperfecto
frente al mar,
he visto una mujer de rostro opaco,
de mirada imprecisa,
con los pies en la sal y con los dedos
gorgoteando de sal. El tiempo apenas
le dio opción a medir cuántos centímetros
de mundo tiene un labio, cuántas leguas
de tierra prometida hay en la boca
que no ha sido estrenada o en el vientre
que nadie ha roturado…
y confunde
la arena de la playa con un beso,
cada ola que estalla con un beso,
cada barco que llega con un beso.
No es capaz de entender por qué nació
con la rodilla en tierra y los tobillos
con grilletes de algas, por qué cada silencio
le escupe cucarachas y blasfemias,
por qué su desnudez lleva el estigma
de mujer habitada.
Y es que no tuvo infancia, porque nunca
acunó una pepona en su regazo,
porque nunca usó falda de lunares
ni ofició en sus oídos la liturgia
de un cárdeno clamor de caracolas,
porque nadie
advirtió el alborozo de sus trenzas
ni la danza primera de sus pechos,
porque no tuvo casa, ni parientes
ni frutales con nidos de gorriones
ni espejos que mintieran,
porque fue una muchacha que no pudo
redactar un otoño ni contar
cuántas nueces crujían los inviernos,
por eso es sólo verbo,
palabra, y no concepto,
lenguaje que se escribe y se conjuga
en labios de futuros imperfectos.
Miradla,
ahí está, frente al mar, frente a los mares
inhóspitos de todas las ciudades,
frente a un cielo -hierático horizonte-
de hipócritas y helados corazones.
¡Qué lástima que nadie le consienta
confundir a propósito,
si quiere,
la arena con un beso,
las olas con un beso,
y el velero que asome cada tarde
de mayo con un beso!

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